Algo está cambiando. Hasta hace poco, si el mejor alumno de una generación preguntaba si debía hacer un doctorado, uno respondía: ¡obvio! Hoy la cosa no es tan clara. Está temblando en ese mercado. Aunque el fenómeno es amplio, explorémoslo en la más linda de las ciencias sociales.
Partamos con lo que implica hacer un PhD en economía. Típicamente son 5 años de esfuerzos financieros y emocionales. El primer año es brutal. Estudio sin parar que termina con exámenes que determinan si se tiene pasta para continuar. El segundo año es de cursos de especialización. Luego viene el desarrollo de lo que será la “contribución a la ciencia” del futuro graduado. Una buena tesis se traduce en un buen trabajo.
Vamos entonces al mercado laboral que enfrentan los nuevos doctores. Las universidades tienen puestos muy apetecidos a pesar de que traen consigo un nuevo ciclo de exigencias e incertidumbre: contratos temporales hasta demostrar capacidad de investigar en serio. Si todo anda bien, el resultado es el “tenure” (contrato permanente), la parte más alta de una pirámide erigida en base a mérito, sudor e inspiración.
Y es precisamente en esa pirámide donde hay señales de sismos. Como en el mercado de economistas demanda y oferta operan con fuerza, los movimientos telúricos se sienten rápidamente, aunque sean profundos.
Entonces, ha llamado mucho la atención el desplome en la demanda por nuevos graduados de doctorado. Respecto del 2022, el número de trabajos disponibles ha caído más de un 40%, generando estrés entre los novatos.
¿Qué pasó? Existen dos tesis que compiten, ambas con implicancias distintas.
Una apunta al impacto de las medidas de la administración Trump: recortes en presupuesto federal y en muchas universidades en los EE.UU. el 2025, golpeando al mercado que más demanda PhD en el mundo. De ser este el caso, el shock sería transitorio: Tarde o temprano se normalizaría la cosa.
La otra apunta a un cambio permanente y es la que realmente enciende las alarmas. Se funda en el dato de que la demanda por graduados de PhD en economía viene cayendo casi año a año desde el 2022.
¿Qué ocurrió ese año que podría haber afectado el mercado? Si bien correlación no implica causalidad, sucede que en aquel noviembre OpenAI lanzó al público una cosa llamada ChatGPT. Desde entonces, los avances en inteligencia artificial no han parado (y no van a parar). ¿Puede un PhD ser reemplazado por una máquina? No (aún), pero la reducción en muchas universidades del tamaño de los doctorados sugiere un ajuste de tiro largo. El debate de otros cambios (acortar y modernizar) se está también dando.
Como sea el caso, ¿tiene un buen alumno que olvidar un PhD? No. De hecho, los buenos programas van a potenciarse con los cambios. Sin embargo, sí es necesario postular con mucho cuidado. Vienen años duros y el estudiante no puede, como planteó Soda Stereo, pedir que lo despierten cuando pase el temblor. Con tanta incertidumbre, hacer un doctorado de mala calidad puede ser pura desilusión.