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Cartas
Domingo 08 de febrero de 2026
El festival de Valparaíso nos invita a reflexionar
Señor Director:
Lo que ha ocurrido con el Ministerio de las Culturas nos puede servir como señal de alarma. Esa cartera aportó (por segunda vez, además) millones de pesos para la realización de un festival de cine pornográfico en Valparaíso. Hacer eso a plena luz del día, sin vergüenza e incluso con orgullo, se explica quizá por la frivolidad con que se suele tratar el tema en redes sociales. Lo más grave es que festivales como estos buscan “pasar gato por liebre”; normalizan o edulcoran una industria que, en realidad, es un motivo de tormento para actores-esclavos y consumidores-adictos.
La pornografía, lejos de ser una “plataforma de entretenimiento para adultos”, se parece más a “la escena del crimen”. Eso es lo que sostiene Laila Mickelwait, una activista norteamericana que, con más de dos millones de adherentes, está exigiendo el cierre de Pornhub. ¿La razón? Esa plataforma hospeda y monetiza videos de violación a niños, pornografía de venganza, cámaras espía, contenidos misóginos y racistas. Hay miles de víctimas. Sirva de ejemplo el caso que expuso el periodista Nicholas Kristof en el diario New York Times, el año 2020: una niña de 15 años desapareció en Florida y, después de una angustiosa búsqueda, su madre la encontró en Pornhub, participando en 58 videos sexuales.
Mickelwait está logrando cosas. Lo cuenta, de manera trepidante, en el libro “Take Down. Inside the Fight to Shut Down Pornhub for Child Abuse, Rape and Sex Trafficking” (Penguin Random House, 2024). Ella investiga la relación que media entre la trata de personas y las páginas que distribuyen pornografía al público. Su camino ha estado lleno de dificultades, pues de vez en cuando la amenazan. Pero no se deja amilanar. A fines del año 2020, consiguió que Pornhub eliminara el 80% de sus contenidos por no tener la seguridad de que esos actores eran mayores de edad o que hubieran consentido en aparecer. Removieron 10,6 millones de videos y 30 millones de imágenes. Dos años después, Visa, Mastercard y Discover suspendieron sus servicios de pago online tanto para suscripciones a contenidos premium como para transacciones de publicidad. Ahora Laila colabora con varios juicios civiles y penales contra la principal empresa controladora.
Por eso el escándalo que ha suscitado el festival de cine porno en Valparaíso nos puede servir de oportunidad para abrir el tema en nuestros hogares y pensar cómo defendernos de esa industria. Los padres se preocupan de que sus hijos coman verduras y no pasen frío en la noche, o contratan poderosos seguros de salud para el caso de que pesquen una neumonía. Pero en cuanto el niño entra a su habitación, lo abandonan en el far west, la intemperie, la exposición ante los peores depredadores de nuestra especie. Y para encontrar a esos tipos, los pequeños no necesitan entrar en la Dark Web: pueden interactuar fácilmente con ellos en plataformas como TikTok, Roblox o Instagram. Es decir, los hijos nunca tienen frío, pero se pueden pasar la tarde conversando con algún criminal que les pide fotos desde un subterráneo.
En este sentido, además de preocuparnos por el cuidado de los fondos públicos, qué bien nos vendría una reflexión sobre cómo resguardar la infancia de nuestros niños. Protegerlos menos del resfrío, quizá, y más de los peligros de internet. Dejarles que jueguen con sus amigos hasta más tarde, que se ensucien las rodillas; que disfruten, en fin, de unas vacaciones bien libres de pantallas.
Juan Ignacio Izquierdo Hübner
Autor del libro “Ojos nuevos. El amor es más fuerte que la pornografía” (Semillas Ediciones, 2025)