Lo declararon Marx y Engels en el Manifiesto Comunista, en 1848: “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo”. Y, a pocas semanas del comienzo del gobierno del Presidente Kast, la interrogante es la misma: ¿ese fantasma recorrerá Chile, una vez más, con su siembra de odio y su cosecha de violencia?
En las izquierdas que conformarán la oposición, pueden reconocerse tres grupos con representación parlamentaria, y un cuarto extraparlamentario. Del modo en que ellas se puedan combinar —o combatirse entre sí— dependerá la respuesta a esta gran duda.
Los tres grupos con representación parlamentaria son la antigua Concertación —asociando al Partido Socialista, al PPD, a los radicales y a la DC—, el Frente Amplio y el Partido Comunista, en alianza con partidos menores de carácter rupturista.
Fuera del sistema democrático, existirán agrupaciones anarquistas y trotskistas, así como sus fuerzas auxiliares, vinculadas al octubrismo delictual. A estos grupos, deben sumarse algunos conglomerados gremiales, los que estarán disponibles para los partidos que mejor puedan representar sus intereses, llevando ciertamente el PC la delantera.
Un acuerdo de todas las fuerzas mencionadas, destinado a participar en el régimen democrático solo a través de las fórmulas constitucionales, parece una quimera, dada la existencia en la izquierda de agrupaciones parlamentarias y extraparlamentarias completamente contrarias a las prácticas y fines de la democracia formal. El Partido Comunista, buena parte de los militantes del Frente Amplio, anarquistas y trotskistas —así como las fuerzas de la primera línea en la calle y las agrupaciones gremiales acostumbrabas a la defensa de privilegios— no estarán disponibles para una política auténticamente democrática. Esta posibilidad, por lo tanto, debe ser absolutamente descartada.
Un segundo escenario se presenta como el más factible. En él, se percibe al Partido Comunista, y a los gremios bajo su control, en una actitud que iría de la movilización a la violencia rupturista de tono octubrista: el fantasma recorriendo Chile. Ese comportamiento, ya anunciado en sus documentos y en sus declaraciones, constituiría al PC en la primera línea del combate contra el gobierno del Presidente Kast, intentando monopolizar esa estrategia, ante el temor de que los grupos anarquistas y trotskistas pudieran ser la auténtica punta de lanza en la calle. El PC optaría así por una vía auténticamente insurreccional, confiando en que una eventual represión le permitiera sumar a su causa a otras fuerzas más moderadas.
Para el Partido Socialista, una decisión comunista abiertamente antidemocrática y de lucha callejera sería de gran ayuda en un primer momento, ya que le permitiría plantearse como la izquierda dialogante y sistémica. Pero en la medida en que la estrategia comunista pudiese tener el éxito de presentar al gobierno como represor y violador de los derechos humanos, el PS se vería enfrentado a la necesidad de reconocer a los comunistas como los auténticos luchadores sociales, a los que tendría que sumarse como vagón de cola.
En este cuadro, para el Frente Amplio la situación se haría también muy compleja, porque tendría que definir si una alianza con el PC estaría destinada a derribar al gobierno del Presidente Kast o a posicionar más bien a Gabriel Boric como carta presidencial. Lo primero, la lucha rupturista junto a los comunistas en la calle, podría dejar a los frenteamplistas sometidos a la decisión del comité central del PC, pero lo segundo implicaría también el riesgo de no aparecer suficientemente comprometidos con una oposición de “primera línea”.