Finalmente, se presentó el gabinete. En una ceremonia sobria, las corbatas volvieron a ser las protagonistas.
Pero fue más que eso.
Una mezcla de independientes, empresarios, viejos tercios, gente competente, gente desconocida, apóstatas y veteranos de tres guerras.
¿Es el gabinete presentado un gabinete de ultraderecha?
Claramente, no.
El elenco es diverso y junta gente de distintas sensibilidades. No es el gabinete de los fanáticos. No es el gabinete de ultra. No es el gabinete de los Kaiser.
El conjunto de nuevos ministros podría haber sido perfectamente presentado por Piñera. Porque hay algo claro: Kast optó por la moderación. Y eso es una buena noticia.
Se transforma así, sin declararlo, en el tercer gobierno de Chile Vamos. Piñera 1, Piñera 2. Ahora Kast. Por el momento…
Lo que es bueno para el país, que es el sentido de moderación que muestra Kast, puede no serlo para su propia figura y para su propio relato. Corre el riesgo de que su propio público vuelva a levantar las banderas de la “derecha cobarde”, de la claudicación y de la amarillez. Kast no solo enfrentará dos oposiciones de izquierda. Enfrentará una oposición de derecha populista (Parisi) y una oposición de derecha extrema (los libertarios). El peligro de ello es que la frazada no alcance a taparlo todo, como le pasó a Boric. Y el mayor peligro es quedar en tierra de nadie, como le pasó a Piñera.
El problema del gabinete presentado es repetir, precisamente, la fallida puesta en escena de Piñera 1, donde varios personajes desconocidos o sin experiencia no pudieron sostenerse en el ejercicio de su cargo. El carrete político vale y ello, en muchos casos, fue desechado. Figuras débiles, independientes, desconocidas, suelen tener poca autonomía de vuelo.
Los dos pánzer —García Ruminot y Alvarado—, si bien tienen trayectoria, no tienen pretensiones mayores, lo que deja a Kast de manera solitaria sosteniendo la estantería política. Y sin sombras.
En materia económica, algo que Kast no domina ni parece entusiasmarlo mucho, deja en un empoderamiento total a Quiroz, transformándose en el ministro de Hacienda más fuerte desde Foxley. Con Frei, Lagos y Piñera los ministros de Hacienda eran ellos mismos. Con Bachelet y Boric la economía jugaba un rol secundario. Con Kast la economía juega un rol central de su relato y está completamente delegada en el ministro de Hacienda.
Y Quiroz es una incógnita. Respetado por muchos, desdeñado por otros, pero sin experiencia política. Sobre él recae un gran peso, que estará acompañado de los vientos favorables en las expectativas empresariales, que ya adelantan un boom económico para los próximos meses.
El concepto de “gobierno de emergencia” es absurdo. Chile no está en una emergencia. Podrá tener problemas, podrá considerarse malo el gobierno de Boric, pero las emergencias son emergencias. Y esta no es una de ellas.
Llamar “gobierno de emergencia” es tan absurdo como llamar “gobierno feminista” a lo que intentó hacer Gabriel Boric. Los gobiernos son gobiernos. Ni son feministas ni son de emergencia (a menos que haya una guerra o algo similar).
El inicio de Kast ha sido pragmático, lo que demuestra que —como diría Weber— la política consiste, ante todo, en administrar realidades más que en perseguir sueños.