En Chile debatimos con intensidad sobre crecimiento, salarios, inversión o inflación, y sobre todo sobre la variable que articula todas ellas: la productividad. El Informe Anual de Productividad 2025 de la Comisión Nacional de Evaluación y Productividad (CNEP, www.cnep.cl), que este año cumple una década de existencia, vuelve a poner el foco en este corazón del desarrollo económico: cuán eficientemente usamos nuestro trabajo, capital y recursos para generar bienestar, así como qué medidas tenemos que adoptar para mejorar nuestra eficiencia.
El informe recuerda que la productividad —medida como la productividad total de factores (PTF)— es la principal fuente de crecimiento de largo plazo, porque permite aumentar el consumo, reducir la pobreza, liberar tiempo fuera del trabajo y hacerlo de manera sostenible. No es una variable abstracta: es la que define si un país puede crecer sin tensionar permanentemente sus recursos sociales, fiscales y naturales.
Como se ha planteado repetidamente, en torno a 2005 se produjo un quiebre en la trayectoria de esta medida de productividad, que obedece en parte relevante a la caída en la ley del mineral en los principales depósitos de cobre. Esto es natural, puesto que los elevados precios no solo generaron incentivos a producir más rápido, sino que justamente hicieron más conveniente y rentable para Chile la explotación intensiva de yacimientos con leyes incluso inferiores. En el resto de los sectores, la PTF mostró en su conjunto una desaceleración desde el año 2012.
Los datos más recientes son interesantes. En 2025, la productividad total de factores aumentó aproximadamente 0,5%, luego de que en 2024 aumentara 0,6%. Excluyendo la minería, la expansión en ambos años fue de 1,1% y 0,6% respectivamente. Es una buena señal que estemos observando cifras positivas de crecimiento de la PTF después de más de una década y media, pero ello deberá continuar para poder revertir la tendencia previa.
En la CNEP identificamos tres factores clave que pueden incidir en lograr crecimientos de la PTF sostenidamente más elevados en el futuro: complementar los avances en cobertura en la educación con mayor calidad y formación continua; lograr una economía más innovadora, aumentando el exiguo gasto en I+D, que hoy apenas supera el 0,4% del PIB; y lograr destrabar el entramado regulatorio, que se volvió crecientemente complejo, con cargas crecientes e incentivos políticos al cortoplacismo.
En sus distintos informes, tras diez años de trabajo, la Comisión ha emitido más de 500 recomendaciones. Sin embargo, solo 11% de ellas se ha implementado plenamente, mientras 58% no ha sido acogido por sucesivas administraciones. Hay ejemplos exitosos —como el despliegue de los Centros Regionales de Resolución, en línea con la evaluación que la CNEP realizó en 2020 a la eficiencia de los pabellones quirúrgicos, o la Ley Marco de Autorizaciones Sectoriales, que recogió propuestas de sucesivos estudios de la Comisión— y otros que hasta ahora no han sido abarcados, como las reformas a concesiones mineras o las mejoras a la gestión de infraestructura en la atención primaria de salud.
Por eso, el informe concluye que no basta con producir buenos diagnósticos: es necesario fortalecer institucionalmente a la CNEP para aumentar su incidencia. Esto implica consagrar por ley su independencia y su capacidad de acceso a datos; establecer la obligación de respuesta por parte del Ejecutivo frente a las recomendaciones; promover la evaluación ex post obligatoria de regulaciones; así como la incorporación sistemática de sus hallazgos al proceso presupuestario. Todos estos elementos pueden allanar el camino a una economía más productiva y en beneficio de todos los chilenos.
La productividad no es un tema técnico de nicho: es la condición para reconciliar crecimiento, equidad, sostenibilidad fiscal y legitimidad social. Diez años después, Chile cuenta con una institución capaz de medir y proponer. El desafío ahora es fortalecerla.
Pablo García
Presidente CNEP
Rodrigo Krell
Secretario ejecutivo CNEP