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Editorial
Viernes 16 de enero de 2026
La prensa asediada
Gobiernos y grupos políticos siguen buscando afanosamente medios posibles para impedir que se publique lo que ellos no admiten.
La libertad de prensa es una aspiración de todas las democracias. No obstante, encuentra enemigos solapados a los que, aunque dicen estar de acuerdo con la más irrestricta libertad de expresión, les cuesta una enormidad tolerar la información que no les resulta favorable, como también las opiniones que no coincidan con sus puntos de vista. Cuando esas personas tienen poder, buscan ponerles límites a los periodistas, sea mediante amenazas o recurriendo a toda clase de excusas para silenciarlos. La identificación entre la democracia y la libertad de prensa es tan estrecha que difícilmente alguien podría declararse abiertamente contrario a esta última sin quedar como un abierto adversario de la democracia. Con todo, ciertos gobiernos y grupos políticos siguen buscando afanosamente medios posibles para impedir que se publique lo que ellos no admiten.
En estos días, dos hechos llaman la atención de la prensa de nuestro hemisferio: en México, la Fiscalía General de un estado denunció al director y propietario de un periódico, un respetado periodista y empresario, de participar en una suerte de fraude comercial, no relacionado con sus actividades periodísticas, pero que igualmente podría servir para intimidarlo. Los preparativos de la fiscalía, igual que la denuncia, se hacen en virtual secreto y, sorpresivamente, estando de viaje en otra ciudad del país, lo aprehenden y presentan una serie de antecedentes falsos. Una denuncia que sigue un formato casi idéntico a otras, con actuaciones coordinadas y resoluciones judiciales que parecen responder a una pauta previamente establecida, es suficiente para que el periodista quede encarcelado, lejos de su familia, viviendo días de gran incertidumbre. Son acciones que se impulsan siempre en día viernes por la tarde, para impedir la rápida respuesta de la defensa y con la esperanza de parte de quienes impulsan esta clase de acciones de que el periodista pase el fin de semana en la cárcel. Una vez que llegaron los antecedentes a un juez de garantía, este se dio cuenta rápidamente de que se trataba de un intento de engaño y el director del periódico fue puesto en libertad inmediata. Pero la experiencia, creen los autores de la sucia maniobra, puede intimidar a muchos periodistas que no estarán dispuestos a contrariar a quienes demuestran su poder de esta forma grosera.
En Estados Unidos, otrora el ejemplo de libertad de expresión para el hemisferio, también mediante nuevos medios, se procura intimidar y amenazar a una periodista. En una investigación impulsada por la administración Trump que busca a quienes están filtrando información sensible, se ha procedido al allanamiento del domicilio de una periodista del diario Washington Post. Una ley de 1980 prohíbe, en la generalidad de los casos, que se incaute material de trabajo de los periodistas, pero los agentes del FBI en esta ocasión simplemente ignoraron la ley e incautaron computadores, un teléfono celular y un reloj inteligente. La Fiscal General informó que la investigación se está realizando a petición del Pentágono. Los artículos incautados contienen la identidad de más de mil contactos periodísticos y nada se sabe del grado de intrusión de los agentes policiales, que una vez con el material en su poder pueden obtener más información de la que estaban buscando. No solo la periodista sufrirá los efectos de la potencial amenaza, sino muchos de sus contactos quedarán inhibidos de proporcionarle información legítima a la afectada.
Para apreciar cómo van en aumento las conductas amenazantes e intimidantes que recaen sobre los periodistas y la prensa en general, baste recordar el escándalo que se produjo hace 12 años cuando se procedió a un allanamiento similar a la casa de un periodista de la cadena Fox. La reacción fue general, de los dos partidos estadounidenses, incrédulos de que en la que ellos llaman la tierra de la libertad pudiera ocurrir un atropello semejante a la libertad de prensa. Esta vez, en cambio, nadie parece inquietarse y la reacción ha sido igual a tantas otras contra la administración Trump, respaldada por el partido de gobierno y criticada por la oposición.