Desde hace un tiempo, Eugenio Tironi ha tratado de construir una narrativa sobre el “legado” del Presidente Gabriel Boric. En una entrevista reciente afirmó que Jeannette Jara había cometido un grave error al no abrazar con “fervor los logros del Gobierno”. Remató señalando que Boric dejará La Moneda “con un grado de fortaleza muy superior a la de Sebastián Piñera”.
Ayer, en una carta titulada “Una pregunta incómoda”, Tironi desafió a los lectores a recurrir a herramientas de inteligencia artificial para evaluar el desempeño del cuatrienio boriciano. Según el sociólogo, cualquier plataforma inteligente concluiría, después de un análisis imparcial, que el mayor logro del Gobierno fue “normalizar” el país y que Boric emergerá como “un gran referente”.
La idea de usar inteligencia artificial es ingeniosa. El problema es que Tironi comete un error metodológico serio, que invalida el ejercicio. Propone comparar dos momentos separados por cuatro años —2022 y 2026—, lo que en evaluación de políticas se conoce como un análisis de “antes y después”. Pero esa no es la pregunta relevante.
Lo que realmente importa es otra cosa: qué habría ocurrido durante esos mismos cuatro años si, en lugar de Boric, el Presidente hubiese sido otra persona. Tras el descalabro acumulado del ciclo estallido–pandemia–retiros–violencia–fracasos constitucionales, prácticamente cualquier gobierno habría terminado mejor de lo que comenzó. La pregunta pertinente, entonces, es si Boric lo hizo mejor que las alternativas posibles, es decir, que los contrafactuales.
Hecha esta corrección, realicé el ejercicio de Tironi, pero bien formulado. Usé exactamente su enunciado inicial, palabra por palabra, y pedí a ChatGPT que comparara a Boric con una hipotética segunda presidencia de Ricardo Lagos, un presidente admirado por muchos y duramente cuestionado por el eje FA–PC.
La respuesta, que estoy seguro incomodará a don Eugenio, fue la siguiente:
“Bajo las mismas condiciones estructurales entre 2022 y 2026, un gobierno de Ricardo Lagos habría producido un Chile más ordenado, más predecible y con menor deterioro institucional, aunque no necesariamente exento de conflicto social. La diferencia clave no está en los objetivos finales —ambos comparten una sensibilidad progresista—, sino en la forma de ejercer el poder. Lagos habría gobernado con la lógica de un estadista socialdemócrata, consciente de los límites del momento histórico. Boric lo ha hecho como un líder generacional, más dispuesto a correr riesgos simbólicos y políticos. En un período de alta fragilidad institucional, esa diferencia habría sido decisiva”.
Sebastián Edwards