Chile enfrenta una situación crítica que exige decisiones firmes para avanzar en la reactivación económica y en la recuperación del empleo, elementos esenciales para el bienestar de la ciudadanía. En ese sentido, existen dos ejes que deben abordarse con urgencia: la dinamización del comercio exterior y la modernización de la infraestructura, ambos clave para impulsar el crecimiento y generar empleo de calidad.
Históricamente, nuestro país ha sido abierto al comercio y ha construido una sólida red de tratados de libre comercio que le ha permitido competir a nivel global. Sin embargo, en los últimos años, el ritmo de expansión y actualización de estos acuerdos se ha desacelerado, limitando nuestra capacidad de aprovechar plenamente los mercados internacionales.
Este estancamiento ha afectado directamente a las pequeñas y medianas empresas exportadoras, que representan cerca del 30% de las exportaciones chilenas, especialmente en sectores como alimentos, agroindustria y acuicultura. A diferencia de los grandes proyectos mineros, las pymes exportadoras pueden generar empleo con mayor rapidez si existen condiciones comerciales adecuadas. Por ello, una agenda activa de negociación y modernización de acuerdos comerciales resulta indispensable.
La demora de siete años en la ratificación del TPP11 es un ejemplo elocuente de los costos de la inacción: más de mil productos chilenos enfrentaron desventajas arancelarias cercanas al 5%, perdiendo participación frente a competidores directos.
Para avanzar en esta materia, es fundamental contar con autoridades con profundo conocimiento técnico de los mercados internacionales, especialmente en Asia-Pacífico, y adoptar una postura proactiva que permita a Chile mantener relevancia en un escenario geopolítico cada vez más competitivo.
La infraestructura constituye otro pilar del crecimiento económico, pero el modelo de concesiones se encuentra hoy estancado. Es prioritario reactivar proyectos estratégicos mediante una colaboración público-privada eficaz, esquema que ya ha demostrado su éxito en el pasado.
La modernización portuaria —en particular, del puerto de San Antonio— sigue siendo una tarea pendiente. La matriz de transporte también necesita una transformación estructural: el ferrocarril moviliza menos del 5% de la carga nacional, muy por debajo del 40% que alcanza en otros países. Fortalecer la infraestructura ferroviaria permitiría descongestionar las carreteras, mejorar la cadena logística y aumentar la competitividad exportadora, nuevamente con un rol clave de la alianza público-privada.
También nuestro país debe abordar la integración comercial regional, empezando por Brasil, Paraguay y Argentina. La misma puede consolidarse teniendo en consideración el nuevo corredor bioceánico Capricornio, que unirá el Pacífico y el Atlántico en el norte de Chile —Puerto de Sao Paulo con la bahía de Iquique, Mejillones y Antofagasta—. Dicho corredor estará en pleno funcionamiento en el año 2028 y podrá transportar la mayoría de la soja brasileña, 180 millones de toneladas/año, que exporta Brasil a China.
Un ámbito particularmente urgente, también, es la gestión de residuos: muchos vertederos están al límite de su capacidad y las largas distancias de traslado, como llevar basura desde Chiloé hasta Los Ángeles, encarecen los costos y deterioran la infraestructura vial. Se requiere legislar para impulsar una ley de saneamiento de residuos que incentive la inversión privada y permita transformar desechos en energía, convirtiendo un pasivo ambiental en una oportunidad económica, tal como ocurrió con la reforma al agua potable en los años 90.
En síntesis, el crecimiento se acelera cuando se habilitan inversiones y se entrega certeza a los actores económicos. El sector privado está dispuesto a colaborar en el diseño, financiamiento y ejecución de proyectos, pero requiere marcos institucionales claros y confiables. La urgencia es evidente: si no actuamos con rapidez, Chile corre el riesgo de quedar rezagado frente a países como México, Perú o Colombia. El potencial está, pero la hora de actuar es ahora.
Juan Eduardo Errázuriz O.