El cuestionamiento central a la política de eliminar la selección por aptitud académica en los llamados liceos emblemáticos siempre estuvo vinculado a su capacidad de darle algo más de porosidad a la reproducción de las élites, gruesamente definidas estas como aquellas que ingresan a los programas y carreras más selectivas en la educación superior.
Una primera aproximación para acercarse a las consecuencias de esta política es ver qué ha estado sucediendo con la composición del 5% de mayores desempeños en el promedio de las pruebas obligatorias. Pues bien, la participación de los liceos públicos en este grupo cayó de un 15,7 a un 11,8% entre la admisión 2012 y la actual. Mientras tanto, la participación de egresados de colegios particulares pagados subió levemente, y la de los colegios particulares subvencionados se alzó en 3,8 puntos porcentuales.
Se elige el primero de estos años para comparación, porque es el anterior a la introducción de un mal diseñado ranking que tuvo efectos en el comportamiento de estudiantes y planteles escolares. El número total de jóvenes en este 5% superior es levemente inferior a 12 mil en el proceso de admisión actual y 430 más alto que en 2012. El número absoluto de estudiantes provenientes de liceos públicos en este grupo de desempeños destacados cayó en un 22,4%.
Esa caída se explica exclusivamente por el menor aporte que hacen los liceos emblemáticos a este grupo. El 60% de los jóvenes provenientes de liceos públicos que lograban posicionarse en 2012 en este 5% de mayores desempeños provenía de ocho liceos (siete de ellos emblemáticos, el octavo modelado de acuerdo con ese perfil tradicional). El aporte de estos ocho liceos a ese grupo de gran desempeño en las pruebas obligatorias cayó en términos absolutos en un 72,4%.
En el caso del Instituto Nacional, que aportaba el 22% de todos los jóvenes egresados de liceos públicos que conseguían estos altos logros, la contribución se redujo en un 76,6%. Más dramática aún es la situación del Liceo Carmela Carvajal, cuya contribución se redujo en un 80,8%. Aumenta el número de liceos que contribuyen a ese 5%, varios de ellos Bicentenario, pero su aporte es menos de la mitad de lo perdido por esos ocho liceos mencionados. La destrucción de un activo social tan valioso es realmente insólita y es evidente que este no es el resultado de un cambio de composición de la matrícula.
Más sorprendente resulta que haya ocurrido con el auspicio, o al menos indiferencia, de los mundos de izquierda. En un país que se caracteriza por una movilidad social insuficiente, es incomprensible que este sector político haya auspiciado dicha destrucción. Cabe preguntarse si el mal pasar de dicho sector político no tiene algo que ver con alguna falta de reconocimiento del esfuerzo que realizan muchas familias para progresar socialmente.
En este caso particular, y no es el único ejemplo, si se niega mérito por acceder a esos liceos selectivos y a estos se les considera de poco valor social, se cuestiona también una forma de progreso muy arraigada. Por lo demás, estas visiones no tienen mucho sustento empírico. De hecho, su valor social era corroborado anualmente en el acceso de un grupo importante de los estudiantes que egresaban de esos liceos a las carreras y universidades más selectivas. Por supuesto, los números en 2012 tampoco eran particularmente auspiciosos y sigue siendo indispensable ampliar los vehículos de movilidad social.
Indudablemente la educación no es el único vehículo de progreso. El empleo es uno clave y tampoco ha recibido la atención que merece. Las cifras de empleo indudablemente no son buenas, pero a veces se exagera la situación desviando el foco del problema mayor. La Casen 2024, recientemente divulgada, nos aporta luces. En el primer quintil de ingresos, para la población de 25 a 59 años (la con más apego al mercado laboral), la tasa de ocupación de 45,7% es 22 puntos porcentuales más baja que en el segundo quintil y 31 puntos porcentuales más baja que en el promedio de la población de este grupo de edad. Además, es el único grupo para el cual la tasa de empleo entre 2017 y 2024 disminuyó (por cierto, ello ayuda a colocarla en el primer quintil). Sin embargo, hay poca atención a la naturaleza del problema ocupacional de este grupo y cómo abordarlo en plazos razonables.
Los mundos de derecha gobernarán en los próximos años y multiplicar los vehículos de movilidad y progreso sociales consistentes con los esfuerzos de los hogares chilenos es algo que debería estar en el centro de su gestión.
Harald Beyer
Escuela de Gobierno, UC