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Cartas
Viernes 09 de enero de 2026
Ley del más fuerte o derecho internacional
Señor Director:
La intervención militar de Estados Unidos en Venezuela y la decisión de Trump de “suspender” la independencia de ese país, lo que se expresa en la misión del secretario de Estado de controlar el rumbo de la Presidenta bendecida por la Casa Blanca, revela crudamente la dimensión de los peligros surgidos como consecuencia de que EE.UU. sea hoy el principal factor de inestabilidad mundial. A su cabeza, se encuentra un hombre que, junto con despreciar la Constitución de su país, se ha propuesto echar abajo el orden internacional construido después de la Segunda Guerra Mundial.
Ensoberbecido por el poderío militar estadounidense, Trump se propone imponer, al precio que sea necesario, lo que él considere que son los intereses de su país. Para ello, reivindica la política del Big Stick, de comienzos del siglo XX. Desde su vuelta al poder, ha atacado a Irán, Yemen, Siria, Somalia, Nigeria y Venezuela, y ha amenazado a Panamá, Colombia, México, Groenlandia, etcétera. Los antiguos aliados de Europa ya saben que no pueden confiar en EE.UU.
En este cuadro, tiene máxima trascendencia el debate sobre el sentido de sostener o relativizar el derecho internacional. Naturalmente, no es posible ser ingenuos en un terreno en el que hemos visto tantas transgresiones y tantas expresiones de cinismo. Pero, si nos resignamos ante la disolución de los límites, ¿con qué nos quedamos? Solo con la ley del más fuerte, o sea, la selva. Así, la comunidad internacional tendría que aceptar que los poderosos, en primer lugar EE.UU., pueden atacar a cualquier nación y cambiar a sus gobernantes, para lo cual siempre podrán echar mano a un relato noble.
Sin embargo, la historia ilustra ampliamente sobre cuántas barbaridades se han cometido en nombre del bien (Dios, la patria, la libertad, etcétera).
Solo nos queda tratar de contener a quienes tienen la fuerza. Por eso, es indispensable salvar y mejorar la ONU, sostener el Tribunal Penal Internacional, defender las instituciones que nos ayudan a proteger los fundamentos de la vida civilizada. Simplemente, no podemos renunciar al Derecho.
Sergio Muñoz Riveros