Para un hogar típico chileno, comprar una vivienda sin subsidio se ha hecho muy cuesta arriba. Ahorrando 100 mil pesos mensuales (algo así como un 8% de su ingreso), tendría que esperar 17 años para juntar el pie de 600 UF para comprar un departamento de 65 m{+2} con 2 dormitorios, 2 baños y estacionamiento, en La Cisterna o Cerrillos. Y después de eso, deberá destinar casi un 40% de su ingreso a pagar los dividendos por los siguientes 25 años. En buen castellano, la cosa no da.
El alto precio de las viviendas es, posiblemente, uno de los mayores retos económicos y sociales en el mundo. En nuestro país, mientras los precios promedio han subido 5% por año desde 2010, los salarios reales lo han hecho a menos de un 2%, lo que ha empujado a amplios sectores de la población a periferias, desmejorando sus posibilidades de empleo y alimentando la desesperanza de los jóvenes, que ven que acceder a una vivienda y formar una familia se hace cuesta arriba.
Existe una necesidad de ampliar la oferta de viviendas a costos razonables. Esta solución topa, sin embargo, con la resistencia de tres grupos. Por una parte, están quienes se niegan a entender cómo funciona el mercado, proponiendo malas soluciones, como fijar los precios de los arriendos sin reparar en que, a los pocos años, ello restringirá aún más la oferta. También están aquellos que, sin mediar mayor análisis, no ven el problema y simplemente quieren paralizarlo todo. Finalmente, están los famosos Nimby (“Not In My Back Yard”), que entienden el problema y favorecen la ampliación de la oferta habitacional, pero lejos de sus barrios. Los Nimby gozan de buena salud por la excesiva influencia que las comunidades ejercen en los proyectos en sus barrios. ¿Y el bien común? Genial, pero lejos.
Es por eso que el nacimiento de los Yimby debe ser celebrado. Los “Yes In My Back Yard” son grupos que, principalmente en Inglaterra y Estados Unidos, han asumido la seriedad del problema, buscando facilitar los desarrollos inmobiliarios. Pero lo más interesante es que estos grupos han nacido en la izquierda laborista y demócrata que, cansados de sus políticas de oponerse a todo, parecen dispuestos a cambiar estrategia. En vez de seguir esclavos de agendas identitarias, cómodos grupos de interés y ver cómo surge la “ultraderecha fascista”, están dispuestos a salir de la trinchera y abrazar soluciones que funcionan. ¡Buena noticia!
El Presidente electo Kast ha planteado una agenda para densificar la ciudad en torno a grandes ejes estructurales. Para avanzar en esta línea no solo será necesario el empuje de las autoridades entrantes, sino también el concurso de una oposición que salga de la consigna y se atreva a abrazar soluciones efectivas a problemas relevantes. ¿Existirán los Yimby chilensis?