El fin de semana pasado se publicó en este mismo medio una nota con los planes del Presidente electo José Antonio Kast en materia de fronteras. Se anunciaba ahí la creación de un Escudo Fronterizo mediante tres operaciones consecutivas denominadas Centinela del Norte, Fortaleza del Desierto y Horizonte Soberano.
Al leer el contenido de cada una de estas fases me llevé dos sorpresas. La primera fue descubrir que detrás de esos títulos tan vistosos se proponen medidas que en gran parte ya fueron ejecutadas o están en proceso. Los tres primeros hitos son la planificación por parte del Estado Mayor Conjunto y el Comando Conjunto Norte, la instalación del sistema de mando y control y el despliegue de fuerzas policiales y militares. Las tres cosas ya existen o están implementándose.
Para ello ha sido fundamental la aprobación, hace tres años, de una reforma constitucional que permite sumar a las Fuerzas Armadas a las tareas de frontera.
Así también, el plan del nuevo gobierno contempla el “inicio” de la tecnificación de los pasos no habilitados. Ese compromiso es incumplible porque, de hecho, la tecnificación ya se inició en 2023. Desde esa fecha están instalándose dos sistemas tecnológicos, uno a cargo de Carabineros, y el otro, del Ejército, con una de inversión de 19.000 millones de pesos, cuya ejecución está avanzada.
Ambos sistemas son complementarios y funcionan de forma integrada. Incluyen puestos de mando, puestos de observación, vehículos especiales, drones y cámaras, videowall, nuevo equipamiento para avión vigía, visores térmicos e instalaciones de habitabilidad. El plan de Kast ni siquiera los nombra.
A su vez, su propuesta menciona una modernización de los complejos fronterizos que tampoco es un proyecto nuevo, pues Chacayuta, Chungará y Colchane, que atienden la zona de mayor migración, tienen inversiones en proceso por 29.000 millones de pesos.
Otro ejemplo es que se fija la meta de ampliar en un 100% las reconducciones, pero actualmente ya se reconduce un 96% de las personas que ingresan irregularmente en Colchane, que es el epicentro de este problema.
La segunda sorpresa fue descubrir que durante los primeros seis meses de gobierno espera aumentar las dotaciones de carabineros en la frontera, y retirar el despliegue militar durante el mandato. Estas medidas son preocupantes porque solo se pueden llevar adelante debilitando las dotaciones policiales en los barrios urbanos y zonas rurales. Lo recomendable es reforzar la presencia de carabineros en esos lugares, no disminuirla.
Para lograrlo es necesario construir más escuelas y formar más personal, esfuerzo que está en proceso actualmente y se desconoce si será continuado por la próxima administración.
La mayor presencia del Estado para controlar la frontera es necesaria, pero debe lograrse sin reducir la presencia policial en el resto del territorio.
Mediante equipamiento, tecnología, barreras físicas, mejoras en la gestión y refuerzo del personal militar se puede alcanzar ese objetivo. Sin embargo, el futuro Presidente espera desmovilizar a los militares de la frontera, lo que implica echar por tierra la idea de darle a las Fuerzas Armadas una función permanente en el resguardo fronterizo.
Hasta hace pocos años el Estado chileno no tenía estrategia, infraestructura ni tecnología para cuidar sus fronteras, sus competencias legales estaban obsoletas, el personal de Carabineros escaseaba y no había prácticamente presupuestos destinados a esta tarea. El peak de la crisis migratoria de 2021 y 2022 nos obligó a reaccionar y hoy la situación es muy distinta. El país ha dado un salto enorme que le permite ponerse nuevas metas para avanzar, porque queda mucho por hacer, pero ello solo será posible si se trabaja sobre la base de lo existente, no si se vuelve atrás para hacer borrón y cuenta nueva.
Chile no tendría la salud que tiene si cada gobierno hubiera querido reinventar el sistema, si Bachelet hubiera omitido que había un Auge creado por Lagos, si Piñera hubiera desconocido que había un Chile crece Contigo creado por Bachelet, si Bachelet dos se hubiera desentendido de que había un post natal extendido impulsado por Piñera. Los países no avanzan así.
Si Chile quiere tener un sistema moderno y confiable de control de fronteras no puede tratar este tema como una construcción comunicacional más, sino como una tarea de Estado en que se pone un ladrillo sobre otro, y el logro alcanzado no le pertenece a la autoridad de turno, sino al país en su conjunto.