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Cartas
Viernes 02 de enero de 2026
Paleolibertarianismo
Señor Director:
Salta a la vista en los medios de comunicación una suerte de desconcierto o, quizás, confusión acerca del proyecto político de Johannes Kaiser y del Partido Nacional Libertario. Algunas veces se ha dicho que ese proyecto sería, a diferencia del de José Antonio Kast y del Partido Republicano, liberal y no conservador. El adjetivo “liberal” se debería al hecho de que el libertarianismo suele entenderse como una de las varias ramas del liberalismo.
Sin embargo, es importante aclarar que el libertarianismo de Kaiser no deriva de sus fuentes originales y más sofisticadas en términos filosóficos, como aquella desarrollada por el estadounidense Robert Nozick, quien proponía la existencia de una “metautopía”, es decir, de una utopía que permita la realización de los más diversos proyectos de felicidad.
En cambio, el “libertarianismo” de Kaiser, y que ha llegado a ser más influyente en Latinoamérica (léase, Javier Milei en la Argentina), responde a lo que se conoce como “paleolibertarianismo”. Se trata, en este caso, no de una metautopía, sino de una doctrina que, por una parte, pone su centro en la propiedad privada más que en la libertad individual, y que, por otra, rechaza la idea del Estado neutral en términos morales.
Mientras lo primero supone que los derechos de las personas serían una derivación del derecho de propiedad, por lo que existiría el “derecho a ofender” o el “derecho a discriminar”, lo segundo implica que el Estado debería promover —por no decir imponer— una determinada concepción de la felicidad. Por lo mismo, no es casualidad que el programa de gobierno de Kaiser diga explícitamente que los proyectos culturales financiados por el Estado deben ser concordantes con los valores cristiano-occidentales.
Como el lector podrá apreciar, lo anterior hace que el libertarianismo de Kaiser sea antiliberal y nacionalista, y que, en el marco de su proyecto político, resulte indispensable dar la “batalla cultural”.
Por lo mismo, es importante tener presente que Kaiser y su partido no serán únicamente una piedra en el zapato para el futuro gobierno de Kast, sino para el mismo orden liberal que, si bien se ha tornado extremadamente frágil en los últimos años, al menos sigue en pie y merece ser defendido. Los liberales de todos los partidos se jugarán aquí su destino.
Valentina Verbal
Horizo