Comienza otra vez un nuevo ciclo: vacaciones, marzo, Semana Santa, el frío, el dieciocho, un atiborrado diciembre y volver a empezar. Es una seguidilla de hitos y fiestas, anclados al calendario como chinches, que se suceden al ritmo del clima y que, ciclo tras ciclo, ordenan nuestro tiempo.
Me pregunto cómo sería la vida sin ciclos. Quizás algo de eso tenga la vida en los trópicos, sin estaciones y con un sol que se esconde, día tras día, religiosamente, a la misma hora. O quizás habría que pensar en los animales cuya vida dura menos de un año: muchos insectos, algunos peces y lagartos, y ciertos ratones y conejos silvestres. Me pregunto cómo, dentro de la limitada existencia de su especie, comprenden la sucesión de las estaciones, si ni ellos ni sus antepasados han experimentado su repetición. Tal vez enfrenten el día a día de la forma en que transcurre el tiempo en algunas películas: como una suerte de progresión, un in crescendo, que no hace más que avanzar hacia un final dramático. Pienso que para esos animales de vida corta, los ciclos —y el orden del tiempo— deben quedar dados, más bien, por la noche y el día.
Pero me entero, también, de que hay especies que solo viven un día. Es especialmente interesante el caso de un insecto alado que habita en los ríos del sur, cuya vida dura unas pocas horas y que lleva por nombre “efímera”. En rigor, la efímera vive por meses, pero como una larva bajo el agua, hasta que un buen día emerge y vuela, se reproduce y muere.
A las efímeras les basta un solo día para desarrollarse en plenitud. En horas ejecutan exactamente todo aquello que una efímera debe hacer antes de morir. En otras palabras, saben bien cómo ser efímeras. Me pregunto, en cambio, cuántos seres humanos lidian con saber en qué consiste su propia existencia. Quizás carecen de un plan de vida, quizás no logran ejecutarlo. Cuántos, acaso, mueren cada año con la duda de si supieron ser humanos adecuadamente.
Esta dificultad para ser humanos ocurre aun cuando el tiempo se nos repite, año a año, como si nos ofreciera una y otra vez una oportunidad. ¿Será que es tan solo una apariencia?