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Editorial
Miércoles 10 de diciembre de 2025
Edificio de la Bolsa
Es de esperar que las instancias de protección patrimonial apoyen y no obstaculicen estas iniciativas.
Se van sumando razones para alimentar expectativas respecto de la recuperación del centro de Santiago.
Un nuevo paso en este sentido lo constituye la promesa de compraventa suscrita hace algunos días entre los controladores de la Bolsa de Comercio y la empresa Territoria, para la adquisición, por parte de esta, del inmueble en que por más de un siglo operó el centro bursátil. La firma pretende desarrollar allí un proyecto de espacio urbano —en la línea del MUT, de Tobalaba— que, respetando la dignidad y valores patrimoniales del edificio que diseñara Emilio Jécquier, se transforme en un punto de encuentro, con restoranes, tiendas y una gran librería, que permita revitalizar esa área de la ciudad. Los referentes que se señalan son ambiciosos e incluyen desde las Galerías Lafayette, de París, hasta la famosa librería El Ateneo, de Buenos Aires. Y también, por cierto, la experiencia de la Bolsa de París, transformada en centro de eventos y en sede de la colección de arte Pinault.
Inaugurado en 1917, el edificio de la Bolsa enfrentaba un destino incierto desde que las transacciones pasaran a desarrollarse de manera remota, las corredoras institucionales se trasladaran a otros sectores de la ciudad y la mayoría de las pequeñas fueran cerrando. Producto de ello, el inmueble registra hoy escasa actividad, al tiempo que significa importantes desembolsos para sus propietarios. Con el proyecto de Territoria, se abre la posibilidad de una nueva era para esta obra arquitectónica, pero también para todo su entorno, que alguna vez fuera una de las áreas más vibrantes de Santiago. La instalación allí de un mercado urbano de alta calidad debiera contribuir decisivamente a espantar el fantasma de la decadencia, sirviendo como polo de atracción para otras actividades y para la llegada de turistas. Por cierto, las posibilidades de lograr esos objetivos irán de la mano con el éxito que logren los esfuerzos que hoy desarrolla la municipalidad en materia de seguridad, de limpieza y de recuperación del mobiliario público. Altamente positivo sería, además, que el ejemplo de la bolsa fuera replicado en el vecino edificio del Club de la Unión, cuyo destino es hoy una inmensa interrogante; su degradación constituiría un golpe durísimo contra los empeños de rehabilitación urbana.
Dotado de una infraestructura de excelencia y de un considerable patrimonio arquitectónico, el centro de Santiago cuenta con los elementos para recuperar su identidad, sus valores estéticos y la tradicional riqueza de su vida urbana. El proyecto para la antigua Bolsa se agrega a una serie de otras noticias positivas, que van desde las inversiones en el exedificio de Enel, en Santa Rosa —que pasará a ser un centro para la innovación—, hasta la rehabilitación de inmuebles en el barrio París-Londres y otras calles tradicionales o la reapertura de locales que fueron destruidos durante el estallido, en el sector de Baquedano. Es de esperar que todos estos esfuerzos sigan siendo acompañados por la autoridad y que las instancias encargadas de la protección patrimonial apoyen y no obstaculicen este tipo de iniciativas. Por de pronto, la tramitación de las autorizaciones por parte del Consejo de Monumentos Nacionales para el proyecto en el edificio de la bolsa será un indicador relevante.