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Cartas
Jueves 16 de octubre de 2025
Autonomía universitaria
Señor Director:
¿Tiene la educación formal como propósito último habilitar a la juventud para ganarse la vida? Si lo tuviera, los delincuentes, que florecen en todas las clases sociales y ocupaciones, serían los mejores maestros. La educación tiene un objetivo moral. Continuar lo que, cuando todo va bien, comenzó en el hogar: formar a personas jóvenes para que promuevan el encuentro respetuoso, productivo y festivo del mayor número posible.
Solo quien trata de manera respetuosa a sus semejantes, más allá de los desacuerdos, puede trabajar en equipo, la clave de aumentar la productividad, tanto material como espiritual. Sin prosperidad en ambos frentes, no hay cómo festejar y promover la alegría en la sociedad.
Somos seres emocionales, los únicos capaces de hablar, negociar y reír, según enseña Aristóteles. En la universidad culmina el cultivo del pensamiento racional. A saber, el que valora la información, el rigor en la argumentación y las indispensables gotas de imaginación empapadas de humor y humanidad.
Este es el único profiláctico contra el fanatismo, el fruto del pensamiento emocional, que identifica la intensidad de la convicción propia con la verdad. Tal es la justificación última de la autonomía universitaria, fomentar el pensamiento racional gracias al encuentro respetuoso de las distintas posiciones.
La institución universitaria es el origen del Chile actual, una historia que comenzó en 1622. Solo la educación engendra la libertad. Pero la Universidad de Chile no es un Estado al interior del Estado. Ni tampoco debiera convertirse en una agencia de empleos estatales para quienes ambicionan ingresar a la clase política promoviendo con violencia la paralización de la educación.
Permitir a grupos ínfimos de estudiantes y profesores, empapados de convicciones morales y políticas, usar la violencia y no la argumentación para surgir es irracional. En particular, cuando los daños así causados no tienen sanción.
Los detalles están en mi librito “Educar es gobernar” (2013), que tuvo el destino que ya vaticinó en el siglo antepasado el incomparable polímata y rector don Andrés Bello.
Miguel Orellana Benado
Profesor asociado de filosofía del derecho
Facultad de Derecho, Universidad de Chile