Conviene cerrar los ciclos de opinión de la misma forma en que cierran las etapas de los campeonatos. O sea, ahora hay que opinar sobre el comportamiento de Chile en el Mundial Sub 20 terminada la etapa de grupos y antes de que empiecen los octavos de final.
Hoy pueden ocurrir nuevas situaciones y surgir nuevas opiniones, mejores o peores de las que se recogían hasta ayer, luego de la clasificación milagrosa que nos favoreció. Es justo, en todo caso, que la buena conducta sea premiada en casos de empate en puntos, goles y todo lo demás. Nuestros jugadores fueron limpios, buenas personas, lo que los favorecerá cuando decidan emprender nuevos caminos en la vida.
Con una victoria (con gol en el minuto 97) y dos derrotas, el balance de la crítica no podía ser bueno. Y menos si eso se cosechó jugando como local y con una notable asistencia en los tres encuentros. Considerando que nos venimos acostumbrando a los desastres, ese interés revela que el aficionado extiende al futuro sus deseos de triunfo y se asoma al mundo de los juveniles.
Ahora bien, ¿cómo jugó nuestro seleccionado? Mal. Tuvo momentos, chispazos, anuncios de que podría hacerlo bien. Pero solo eso. No tuvo armonía como colectivo ni brillo en individualidades ni tuvo continuidad. Tuvo oportunidades de gol desperdiciadas, pero no tantas como para maldecir a la eterna mala suerte (que casi nunca es tal). Tuvo inconsistencia física, según denunció el análisis permanente de la FIFA, lo que constituye un revés grave para lo que había trabajado y esperaba cosechar el entrenador nacional. Los chilenos hace mucho que creíamos haber superado las ventajas que dábamos en el aspecto físico.
Por supuesto, Nicolás Córdova es el objetivo central de los disparos críticos. Puede haberse equivocado el seleccionador-entrenador nacional, tanto en la preparación como en la dirección técnica en competencia. Como cualquier entrenador. No lo podemos saber con certeza, pues el seleccionado se preparó misteriosamente, con tres amistosos sin público contra Arabia Saudita (1-0), Corea del Sur (2-1) y Nigeria (1-1), además microciclos en un proceso largo.
Más allá de todas las culpabilidades que se puedan buscar y encontrar en esta expedición de nuestros juveniles, y mientras se encuentran causas de fondo, yo creo que si Chile se hubiese presentado con su selección mayor en una Copa del Mundo con los mismos rivales, habría hecho la misma cosecha que la Sub 20 o peor. Hay que ver cómo están los seleccionados de los rivales en el ranking de la FIFA: Japón es 19º, Egipto es 35º y Chile 57º. Solo estamos mejor que Nueva Zelandia (82º), sin olvidar que los oceánicos le ganaron a Egipto (2-1) en el Mundial.
Así es que conviene buscar causas más profundas.