El Mercurio.com - Blogs : El príncipe de Gales en Chile
Cartas
Sábado 06 de septiembre de 2025
El príncipe de Gales en Chile
Desde que se anunció la visita de Eduardo de Windsor a nuestro país, tanto el Gobierno como la sociedad se esmeraron con los preparativos. Su llegada, el 6 de septiembre de 1925, era esperada con frenética ansiedad. Santiago estaba engalanado con decoraciones y banderitas chileno-británicas en las casas, edificios, avenidas y tiendas comerciales, para dar la bienvenida al futuro monarca del Reino Unido.
Según informaba “El Mercurio”, grandes masas humanas se apelotonaron en la Estación del Norte, donde arribaría el ilustre huésped en el tren trasandino, desde Argentina. El pueblo chileno, tropas militares, la colonia británica, autoridades y el Presidente Arturo Alessandri estaban listos para inclinarse ante “el heredero del Trono Británico, que después de Sus Majestades es la personalidad de mayor representación del vasto imperio”. Este diario homenajeó al príncipe de Gales destinándole su portada (en la imagen) y un suplemento especial.
La presencia de su Alteza Real trastornó la rutina capitalina y de Viña del Mar durante toda una semana. Ni la lluvia logró quitarle brillo a la visita, que comenzó con una recepción en La Moneda y siguió con una serie de actividades, que incluyeron una carrera en el Club Hípico, una gala en el Teatro Municipal y un baile en el Club de la Unión.
A sus 31 años, se lo describía como un “joven esbelto con cara sonriente”, y en las fiestas realizadas durante su estadía, demostró ser un buen bailarín (de shimmy, foxtrot y tango). “He venido a Chile con sentimientos no comunes de interés y de satisfacción, con la esperanza de adquirir algún conocimiento del país famoso por la valentía de sus hombres y por la belleza de sus mujeres”, dijo en un discurso.
En Viña del Mar abordó el acorazado “Latorre”, buque que perteneció a la Armada británica y combatió en la Primera Guerra Mundial. En esa oportunidad reconoció las acciones heroicas de la marina chilena, como la de la “Esmeralda” en Iquique, y recordó al almirante Cochrane.
En 1936, tras la muerte de su padre, el rey Jorge V, fue entronizado bajo el nombre de Eduardo VIII. Sin embargo, reinaría su país solo por once meses, ya que renunció al trono para casarse con Wallis Simpson.