¿Cómo estarán mirando los empresarios —grandes y pequeños, industriales, agricultores o comerciantes— el futuro del país? La pregunta es importante por cuanto cualquier expectativa de recuperación pasa por elevar los ánimos empresariales y, con ello, elevar la inversión.
Las encuestas muestran un cauteloso repunte en la confianza empresarial, lo que es refrendado por las decisiones de ahorro e inversión de las empresas. Todo apunta a que los artistas todavía no logran calentar el ambiente y que, en vez de cerveza y tragos largos, abunda el café. Veamos.
El ahorro de las empresas —que corresponde básicamente a las utilidades no repartidas a sus dueños— supera con holgura su promedio histórico, mientras la inversión está plana. Y si excluimos a la minería, que vive su pequeño boom propio, estos patrones son más evidentes: el ahorro de las empresas está en la parte alta de sus patrones históricos al mismo tiempo que la inversión no agarra vuelo.
Esta configuración es bastante indicativa de la temperatura ambiente. En tiempos buenos, de ventas altas y buenos resultados, tanto el ahorro como la inversión de las empresas suben. Los buenos proyectos de inversión se multiplican y, en buena parte, estos se financian con las utilidades. Así, cuando las oportunidades de inversión son buenas, “sacar la plata” de las empresas es caro. En tiempo malos, en cambio, las utilidades son bajas y los proyectos de inversión escasean. Con pocos proyectos de inversión, no vale la pena dejar la plata en las empresas en forma de ahorro.
La coyuntura actual es diferente. El ahorro es muy alto, dando cuenta de que las empresas están, en promedio, pasando por un buen momento, pero la inversión escasea. Aun así, en vez de repartir dividendos de manera excesiva, las empresas —o sus matrices— mantienen las utilidades adentro. ¿Qué explica este patrón?
Sacar los ahorros fuera de Chile ha perdido atractivo, en respuesta a la incertidumbre global y las políticas en Estados Unidos. En este contexto, la explicación más plausible es que las empresas están “al aguaite”, esperando oportunidades para invertir. Como si los recursos para invertir estuvieran listos y solo faltase la oportunidad. A juzgar por los datos coyunturales, las buenas señales todavía no aparecen y el ambiente político que podría impulsarlas sigue nuboso. Esto puede explicar que, por ahora, domine la cautela.
La noticia alentadora, sin embargo, es que las empresas están en condiciones de saltar al ruedo si las condiciones así lo permiten. Quien gane las elecciones y entregue señales correctas puede llevarse la buena sorpresa de que la inversión responda rápido. Quizá no dé para un gran boom, pero sí para una recuperación interesante.