En el argot futbolero —y que quede como evidencia lo acontecido en el último Superclásico— no existe mayor insulto a un entrenador que ser tratado como “vendehumo”.
El significado es por todos conocidos. Quien es tratado así es acusado de ser un tipo que trata de aparentar conocimientos elevados, capacidad de trabajo superior, rectitud a toda prueba cuando, en realidad, su única “gracia” es embaucar como si de sofista se tratara.
Es claro que todos conocemos a los vendehumos. O, al menos, tenemos ya catalogados como tales a algunos (seguramente, al que está leyendo todo esto, ya se le apareció uno o un grupo de imágenes en la mente).
Los argentinos, que son buenos para simplificar los estereotipos, resumen en una palabra más corta a estos tipejos: chantas.
Claro, el chanta es más que un simple vendehumo, porque le suma a las características de este el ser, además, incapaz, flojo. Un gañán. Un patán, con todas las de la ley.
El tema no es por cierto nuevo, pero sí cobra actualidad en los momentos de crisis que vive el fútbol chileno a todo nivel.
Escuchar hoy a un grupo demasiado importante de entrenadores nacionales y extranjeros (en esto no hay distinciones) “cantinfleando” cuando se les pregunta sencillamente por qué se dio un resultado tal o, peor aun, autodefiniéndose como amantes de ciertas tendencias (“bielsista”, “guardiolista”, “menottista”) a la hora de que explique cómo diantres quiere que juegue su equipo, es el reflejo más claro de la carencia de sustancia profesional.
Hoy, cuando todos quieren descubrir cuáles son los caminos para que el atribulado balompié nacional comience por fin a salir desde el fondo del mar donde hoy se encuentra, hay que elevar la valla y aumentar la exigencia intelectual y de preparación profesional para los que son responsables de dirigir tanto en las divisiones menores como en los equipos profesionales y selecciones nacionales.
No se puede aspirar a que la actividad crezca y se consolide si no se abre la posibilidad de aumentar los centros de formación a los entrenadores (el INAF hoy corre solo y hace rato que exige competencia), si no se eleva la exigencia para dirigir de acuerdo a las diversas categorías (tener hoy el título de entrenador faculta casi sin exigencia para ser DT de una Sub 15 de un equipo de Cumpeo y también de la selección adulta), si no se ponen condiciones de probada suficiencia a los adiestradores que vienen del extranjero (no por xenofobia, sino como legítima autoprotección ante el vandalismo de ciertas empresas de representación) y si no se instaura, de verdad, un ente técnico nacional conformado por los mejores (no con ex-DT que no tienen trabajo y quieren figurar) que tengan, además, la garantía de ser autónomos y participativos en todos los temas que les atañen.
Ciertamente, para lograr todo esto, que pareciera ser demasiado para un medio que ha probado ser incapaz de autocuidarse, de quererse y de construirse, hay que comenzar por tener la voluntad.
Sea quien sea el que asuma las responsabilidades de conducción del fútbol chileno en el futuro, debería tener como lema “No más vendehumos para dirigir nuestros equipos”.
Si no es así, estaríamos otra vez frente a un chanta.