Aunque no dejó de ser sorpresivo, el anuncio de la designación de Nicolás Córdova como entrenador de la Roja para los dos últimos juegos de las eliminatorias, en principio, no es una mala idea.
Al contrario, puede ser el inicio de la necesaria remoción de escombros que dejó el pésimo trabajo que se ha hecho en el fútbol chileno en las últimas décadas.
Claro, la determinación parece ser solo una medida desesperada y no dejan de tener argumentos los que piensan así. La dirigencia actual ha dado pruebas más que evidentes de no tener el mínimo conocimiento de cómo manejar la actividad, y darle el mérito de tomar una buena medida es, ciertamente, complicado.
Pero puede que, esta vez, cuando ya se está acabando (por suerte) su administración, el presidente del fútbol chileno y los genios de la mesa cuadrada que lo rodean hayan acertado, porque al nominar a Córdova se estaría dando una potente señal de que, por fin, se busca poner en línea el trabajo total de las selecciones, algo que ha sido un clamor permanente del medio.
Para que ello sea así, debe demostrarse con hechos que no se ha dado este paso con la simple idea de desvestir a un santo para vestir a otro o, como se dijo, de sacar la ampolleta de la pieza de los niños para ponerla en el living.
Tiene que ser más que eso. Córdova, en los próximos dos partidos eliminatorios, no tiene por cierto la obligatoriedad de ganar —debe intentarlo, por supuesto—, sino que su verdadera misión es encaminar el proceso de implantación de principios de juego y de formas de trabajo comunes para, desde ahí, apuntar a una renovación generacional que eleve los niveles de competencia de Chile en el ámbito internacional.
Porque eso es lo que el momento requiere.
Los que con simpleza aseguran que tener a Córdova con la mente puesta en la selección adulta es poner en peligro la competividad de la Roja Sub 20 en el Mundial, la verdad es que parecen entender poco y nada del momento que estamos viviendo.
Hoy el fútbol de Chile no es competitivo. Y cualquier ilusión mayor solo se ampara en la suerte y no en la capacidad.
Que haya un puente que comunique la Sub 20 con la adulta hoy es más importante que llegar a los cuartos de final de la Copa del Mundo juvenil. Que Juan Francisco Rossel o Francisco Marchant sientan que su entrenador ahora los está evaluando como posibles opciones a ser integrantes del plantel mayor en el corto plazo, ¿no es acaso más motivante para ellos y más decisivo en sus desarrollos?
Vámonos más allá. ¿No sentirá hoy Iván Román que tiene más posibilidades de dar el salto a la adulta si el entrenador de ella ya lo conoce desde una etapa temprana?
Por eso, esta designación de Córdova, quien es un tipo estudioso (es DT titulado en Italia), preparado (trabajó en Qatar en un plan nacional), dice las cosas por su nombre (a Marcelo Morales lo sacó de la Sub 20 por su alto nivel graso), y no acepta faltas de compromiso (tiene a Damián Pizarro fuera de la Roja, porque prefirió irse de vacaciones en lugar de entrenar), no parece para nada una solución de parche, de emergencia o económica.
Puede ser la mejor determinación que se haya hecho en varios años…