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Cartas
Lunes 07 de julio de 2025
Derecha y unidad parlamentaria
Señor Director:
Sin duda, el pragmatismo en política es un elemento importante en la toma de decisiones relevantes. Hoy, la derecha chilena se presenta al país con dos candidaturas presidenciales sólidas y legítimas, una emerge desde Chile Vamos, otra desde el Partido Republicano.
Ello, claramente, si bien es cierto produce una tensión inevitable, esa competencia en sí misma no es negativa. Puede enriquecer el debate programático, fortalecer liderazgos y movilizar al electorado. Pero si esa dualidad se traslada sin filtros al ámbito parlamentario, el costo político será enorme y, lo que es peor, es absolutamente predecible.
Ya hemos vivido los efectos de ser minoría en el Congreso cuando fuimos gobierno. Se redujo al mínimo nuestra capacidad de legislar, de negociar y de impulsar muchos de los cambios que la ciudadanía esperaba de nosotros. Entonces, la realidad nos advierte que no se trata solo de ganar elecciones: se trata de gobernar con eficacia, y para eso se necesita poder parlamentario real.
La unidad parlamentaria puede convivir perfectamente con la competencia presidencial. Pero es imprescindible que, en paralelo a esa contienda, se construya una fuerza legislativa común y robusta.
Si no hay mayoría en el Congreso, ni el mejor de los presidentes podrá avanzar. Y si no hay una bancada alineada, ni el más sólido programa podrá ejecutarse.
Una solución razonable podría ser acordar una distribución equilibrada de los cupos parlamentarios entre Chile Vamos y los republicanos: mitad y mitad.
Esta fórmula, aunque imperfecta, permitiría iniciar conversaciones para mantener la unidad electoral en el Congreso. Así, se evita la fragmentación y se fortalece el bloque de centroderecha con una bancada amplia, cohesionada y representativa de sus distintas sensibilidades.
La ciudadanía no entenderá —y con razón— que, mientras se habla de orden, eficiencia y responsabilidad, no seamos capaces de ordenar nuestras propias filas. En política, las señales importan, y una derecha dividida en las parlamentarias será leída como una derecha débil e incapaz de tomar decisiones trascendentes para el país.
Llegó la hora para que los dirigentes de los partidos de derecha se sienten a la mesa y convoquen a la brevedad a una cumbre de unidad parlamentaria.
No se trata de fusionar partidos ni diluir identidades: se trata de actuar con la madurez que el país exige.
El tiempo corre, y cada día sin definición para la unidad parlamentaria del sector solo alimenta la incertidumbre y la probabilidad de gobernar con un Parlamento mayoritariamente opositor, liderado por el Partido Comunista. Solo depende de nosotros evitarlo.
Claudio Alvarado Andrade
Exministro, exsubsecretario Segpres