En su época de jugador, Luis Enrique fue compañero de Iván Zamorano en Real Madrid. Y al chileno le costaba jugar al lado del asturiano en la ofensiva merengue: “Se pone el balde, corre y no mira a nadie para terminar las jugadas”, reclamaba "Bam Bam" en una charla informal por esos años.
La frase de Zamorano, que en ese momento encerraba un fastidio, en verdad caracterizaba bien al futbolista y posteriormente entrenador español: Luis Enrique es un tipo llevado a sus ideas y a partir de ellas traza la ruta hacia su objetivo, avanzando sin mirar para el lado. Lo demostró de sobra guiando brillantemente a PSG a su primer titulo de Champions League, luego de triturar al Inter de Simone Inzaghi.
Más allá de cualquier situación puntual y de reacomodo eventual que exigen los rivales, el ex DT de Barcelona y de la selección española mantiene a rajatabla dos conceptos irrenunciables: el pressing y la posesión. Esa obsesión encierra una idea que es posible observar en la forma de juego del PSG: la pelota debe recuperarse rápido, pero luego de tenerla hay que administrarla.
Esta visión conceptual se resume en una frase del propio Luis Enrique tras la coronación en Múnich: “Yo le daría el Balón de Oro a Dembélé por cómo ha defendido en esta final, eso es liderar a un equipo desde la humildad. Se merece el Balón de Oro sin duda, por los goles, por los títulos, y por cómo ha presionado toda la temporada, especialmente en esta final”, dijo.
Ousmane Dembélé es el mejor ejemplo de la filosofía aplicada a la práctica del ideario de Luis Enrique.
El jugador francés, quien acostumbraba a ser el atacante veloz que debía agarrar todos los pelotazos largos de sus compañeros estacionado en un sector de la ofensiva, fue reconvertido en PSG en lo que malamente se conoce como un “9 falso”, es decir, en un atacante de entrada y salida del área que, además de asistir, hacer el 1-2 con un compañero y convertir goles (y vaya que los hizo), tuvo que meterse en la cabeza que su misión implicaba también presionar la salida del rival, trabajar para el equipo, inmiscuirse en labores que le eran ajenas hasta ese momento.
Y eso lo pudo lograr Luis Enrique por otra de sus características más relevantes: su capacidad de convencimiento, su habilidad para que su mensaje llegue en forma clara a sus dirigidos. “Cuando llegó, aportó su ADN. Poco a poco ha conseguido mejorar nuestro juego (…) También ha trabajado mucho el aspecto mental, la motivación, la preparación, la actitud de los jugadores. No es solo un entrenador que dice que hay que hacer esto o aquello. Nos ha mostrado el camino. No habla únicamente de fútbol, es más que todo eso”, reveló el capitán de PSG, el zaguero brasileño Marquinhos, enseñando el perfil más íntimo de su entrenador.
Luis Enrique puede que sea un tipo poco agradable a los periodistas.“No os leo porque creo que sé mucho más de fútbol que la mayoría de los que opinan, y porque tengo mucha más información que vosotros”, dijo en un día tenso cuando comandaba la selección española.
Es de esperar que Luis Enrique siga con el balde puesto. Así seguiremos deleitándonos...