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Cartas
Martes 13 de mayo de 2025
Nacionalismo libertario
Señor Director:
Parece que los libertarios criollos no entienden la doctrina que profesan. La apelación al origen espontáneo de la nación, a la que recurre Víctor Espinosa en su respuesta (domingo) a Felipe Schwember, presupone lo que desde la perspectiva libertaria precisamente se debe probar: el consentimiento de los miembros de esa comunidad. Este error, promovido, como tantos otros, por el anarcocapitalista Huerta de Soto, confunde la explicación del origen de un fenómeno (o institución) con su justificación. Desde la perspectiva libertaria lo relevante es si la pertenencia a la nación o a algún Estado puede considerarse como obligatoria. Y la respuesta libertaria es en ambos casos “no”.
El libertarianismo es incompatible con el nacionalismo —que puede ser de derechas y de izquierdas, contrariamente a lo que dice Espinosa— porque por principio está en contra de la existencia del pueblo. De hecho, no resulta exagerado afirmar que el pueblo resulta jurídica y políticamente inexplicable para el libertarianismo. Por eso no es extraño que los libertarios se enfrasquen en discusiones del tipo “¿existe Francia/Alemania (el país que el lector quiera)?”, “¿existe el Estado?”, “¿existe la nación?”. La razón es que para el libertarianismo la pertenencia a un Estado es tan necesaria como la membresía a un club de fútbol, y la ciudadanía, tan importante como una póliza de seguro.
Más aún, los libertarios se toman tan en serio el carácter estrictamente opcional de la vida bajo un orden jurídico público, que defienden el secesionismo como mecanismo de protección de la libertad individual. Los libertarios nacionalistas chilenos no apoyarían un secesionismo mapuche. Pero ¿por qué? Los libertarios españoles, que sí entienden su doctrina, apoyan el secesionismo catalán.
Es cierto que el libertarianismo defiende las instituciones que permiten la existencia de un libre mercado. Pero es igualmente cierto que lo hace mal, porque no tiene noción de la libertad política.
El libertarianismo es un liberalismo aquejado de hemiplejía. Al mezclarse con el nacionalismo queda sencillamente un Frankenstein, que no tiene ni pies ni cabeza.
Eduardo Fuentes Caro
Director Instituto de Filosofía USS