No es de sorprenderse que, en estos turbulentos días donde tarifas van y tarifas vienen, los principales índices de riesgo en el mundo se hayan elevado. En algunos casos —como en los que miden incertidumbre sobre políticas económicas—, estas medidas han alcanzado sus máximos en varias décadas. Aquellos índices relacionados con incertidumbre en la bolsa en Estados Unidos también han tenido fuertes incrementos, aunque sin llegar a los niveles de la pandemia o la crisis financiera de 2008. Y el oro —indicador de riesgo por antonomasia— alcanzó el viernes su máximo histórico.
Junto con las dudas sobre el crecimiento en Estados Unidos, estas señales han derivado en una fuerte caída en su bolsa, así como en una importante revalorización de sus bonos de gobierno, típica reacción en momentos de incertidumbre y de peores perspectivas económicas.
Paradójicamente, los mercados en Chile no han acusado recibo, y se mantienen como una taza de leche. La bolsa sigue subiendo, el peso ha mostrado una importante fortaleza y las tasas a las que se endeuda el gobierno también han caído, lo que contrasta con la delicada situación fiscal. Para rematar, las empresas emisoras de bonos están gozando de un apetito de inversionistas no visto hace años.
¿Qué explica esta aparente disociación? Aunque el caso de Chile es particularmente notorio, este fenómeno no es exclusivo de nuestro país. Otras bolsas y monedas emergentes han subido en estos meses, como si toda esta incertidumbre quedara encapsulada entre Ciudad Juárez y Toronto. Diversos estudios sugieren que, de persistir estas tensiones, difícilmente los países emergentes quedarán inmunes.
Otra posibilidad es que los inversionistas consideren que Chile está más aislado de las disputas globales. Claro, salvo el cobre —donde podría haber sorpresas con aranceles—, Chile no parece directamente amenazado por la disputa comercial. Pero este puede ser un espejismo. De agudizarse las tensiones, la exposición indirecta a través de China y otros países de América Latina es suficiente para agitar la taza.
Pero seguro que también hay un componente doméstico. El castigo sufrido por los activos chilenos a partir del estallido social y el bochorno constitucional no ha desaparecido del todo, pero se ha ido corrigiendo en los últimos meses. Como si quedara la impresión de que la izquierda no tiene la fuerza para ser la “tumba del neoliberalismo”, o por lo menos que la parte dominante de ese sector no quiere tal derrotero.
Solo el paso de los meses dirá cuán persistente es todo esto.