El ciclo político ha entrado de lleno en las elecciones presidenciales del próximo año. Los primeros aprontes empiezan a revelarse en numerosas encuestas, que llenan páginas de diarios y programas radiales. Pero tan interesante como la voz de los estudios de opinión es la voz de los activos financieros, que dan cuenta de cómo lee “el mercado” la elección del próximo año.
Desde la crisis asiática, el país ha experimentado cuatro ciclos de rápida recuperación, entendidos como períodos donde el crecimiento se aceleró significativamente respecto de su tendencia previa: (i) a mediados de 2004, con el auge de las materias primas; (ii) a comienzos de 2010, luego de la crisis financiera global; (iii) a fines de 2017, ad portas del segundo gobierno de Piñera, y (iv) a comienzos de 2021, tras el fin de la pandemia. En todos estos casos, el mayor crecimiento vino acompañado de un fuerte boom en la bolsa y del fortalecimiento del peso respecto del dólar.
La relación inversa es quizás más indicativa: siempre fue el caso que aumentos de 50% en la bolsa y apreciaciones del peso acumuladas en 24 meses anticiparon importantes rebotes de la actividad, algunos más duraderos que otros. Si la bolsa y el peso permiten anticipar una recuperación económica, ¿qué podemos decir en la actualidad?
A un año de las elecciones, hay poca señal de entusiasmo. Aunque el IPSA ha subido 25% en los últimos dos años, el peso ha perdido más de un 10% en ese período. Esta realidad se parece más a las recuperaciones de 2010 y 2021, cuando un año antes del despegue los precios de los activos financieros daban pocas señales de vida. En el primer caso, el mundo estaba sumido en una gran crisis, y en el segundo, el dramático encierro no daba tregua. Fue solo en el segundo año cuando las pantallas empezaron a reaccionar anticipando la recuperación. En los ciclos de 2004 y 2017, sin embargo, la cosa fue distinta, y ya había señales positivas en la bolsa y en el peso un año antes que anticipaban la recuperación.
Todavía falta una larga campaña por delante, por lo que mucho puede pasar, pero la mediocre performance de los principales activos financieros es sugerente. Podría estar reflejando la incertidumbre global, un resultado eleccionario todavía abierto, o simplemente que el espacio para un boom a partir de 2026 es más cuesta arriba de lo deseado. Sin embargo, una campaña convocante, esperanzadora y con buenas propuestas podría dar una grata sorpresa.
Los cambios de expectativas económicas requieren de mucho esfuerzo y de proyectos que muevan la aguja. La bolsa y las monedas nos están recordando que, esta vez, la cosa no será fácil.