Obligados a estas alturas a tratar de seguir gozando de lo que queda de la generación más trascendente y ganadora de la historia del fútbol chileno, el juicio tiende a hacerse más benevolente de lo normal con los futbolistas de ese grupo que aún están activos.
Y es que los futboleros nacionales intuimos —con razón— que es improbable que volvamos ver siquiera en el mediano plazo un conjunto de jugadores tan notables como los que tuvimos el placer de ver en los últimos 15 años, por lo que cualquier análisis de esos jugadores en estos momentos, cuando se apaga la flama, está teñido con un porcentaje de respeto que bien se ganaron y que aminora críticas.
Hoy, las lesiones cada vez más eternas de Alexis Sánchez, los comentarios cada vez más ácidos e irrespetuosos de los argentinos sobre Gary Medel, los aparentes deseos incomprensibles de Claudio Bravo de salir de su retiro, e incluso los cuestionamientos al verdadero nivel físico de Arturo Vidal, Mauricio Isla, Marcelo Díaz y Charles Aránguiz, anclados hoy en la competición doméstica, parecen ser solo detalles que en ningún caso alcanzan para erosionar la grandeza de sus actuaciones con la Roja y todo el mérito que hicieron para meterse en la historia grande del fútbol chileno.
Entre todas estas adhesiones casi absolutas, llama la atención la ausencia de un nombre: el de Eduardo Vargas, un tipo que, en general, si no es denostado es, al menos, olvidado.
Y es curioso que sea así.
Vargas es, sin duda, el mejor delantero centro que ha tenido el fútbol chileno en todo este bendito proceso exitoso de la selección nacional.
El mejor. Punto. Sin mayor discusión.
El atacante no solo es por ahora el segundo goleador histórico de la Roja (a solo seis tantos de Alexis Sánchez), sino que, además, es el máximo goleador chileno en la Copa América (14) y ha convertido tantos que han quedado en la memoria, porque son de colección (¿acaso a alguien no se le remueve el corazón con el gol a España en el Mundial 2014, o a Perú en la Copa América 2015, o por sus tantos ante los mexicanos en la goleada histórica de la Copa América 2016?).
Todo eso sin dejar de remarcar que, hoy mismo, cuando la Roja lucha por salir de la mediocridad y de la desazón, Vargas solito ha tirado el carro con sus goles ante Bolivia, Brasil y Venezuela.
Así y todo, a Vargas no solo se le cuestiona, sino que, derechamente, se tiende a echar al olvido, en especial a la hora de hacer los famosos rankings históricos.
Vargas, que es el único jugador nacional que ha convertido goles en finales de la Copa Sudamericana (2011 en Universidad de Chile) y de la Copa Libertadores de América (2024 con Atlético Mineiro), rara vez es sentado en la misma mesa con Jorge Robledo, Leonel Sánchez, Carlos Caszely, Iván Zamorano y Marcelo Salas, quizás por qué extraña razón.
En la hora del final de un ciclo virtuoso, de una era de felicidad mayor, de una época en que fuimos felices, ya estaría bueno con ser justos y poner a Eduardo Vargas en el sitio que se merece.
Es de entera justicia.