El escueto comunicado de la Gerencia de Comunicaciones de la ANFP, anunciando la convocatoria de Arturo Vidal a la selección para los próximos partidos eliminatorios de Chile ante Perú y Venezuela, debe leerse de una sola manera: el volante puede ser una bomba de tiempo, una persona non grata e incluso un lastre para el seleccionador, pero a estas alturas lo que manda no son sus gustos, sino que la imperiosa necesidad de contar con los mejores. Y Ricardo Gareca solo tiene que agachar la cabeza y hacer lo que corresponde. El tiempo para darse sus gustitos, ya pasó…
Y Arturo Vidal sin duda que está en ese grupo de élite. No por ser símbolo de la mejor generación de la historia del fútbol chileno ni por haber hecho una carrera fantástica en grandes equipos de Europa. Lo es por lo que es hoy como jugador, a los 37 años, cuando varios de sus compañeros de ruta intentan mantener con extrema dificultad la llama competitiva viva o, derechamente, ya están apoltronados gozando de sus recuerdos.
Vidal es hoy, en verdad, el mejor jugador chileno en actividad. Lo demostró este año siendo factor imprescindible en Colo Colo, tanto en la consecución de su estrella 34 como durante la buena campaña internacional realizada por los albos.
El “King” realiza, transmite, enseña caminos. Se las sabe por libro a la hora de calentar ambientes, pero tiene la gracia incomparable de que una vez encendida la hoguera, se lanza al medio de ella para recibir todo el fuego y dejar al resto de su entorno inmune.
Claro, si uno va a lo fino, encontrará en el actual Vidal falencias, limitaciones que antes no estaban presentes.
No todos los partidos que ha jugado este año han sido de excelencia. Algunos, en verdad, han provocado con razón ciertos cuestionamientos a la decisión técnica de mantenerlo en la cancha. Hoy, Vidal transpira más, se agita más y sale de la cancha exhausto, como antes no pasaba.
Pero eso importa poco. Vidal, por lo general, juega, corre, filtra pelotas, remata y cabecea más que el promedio de los jugadores nacionales que actúan en Chile o en el extranjero, así que no se diga que no es “jugador de selección” (contando, además, que el concepto hoy está devaluado).
¿Alcanzará ahora con Vidal para que la selección retome algo de ilusión para llegar al Mundial? ¿Será un factor clave para revivir a un muerto como es hoy la Roja de Gareca?
Apostar es un ejercicio que hoy incentiva el fútbol, pero, en este caso, es preferible no hacerlo.
El problema que tiene hoy Chile en su fase competitiva internacional es multifactorial, demasiado profundo, y es resultado de muchos años de indolencia.
Pero de que Vidal le va a hacer un bien a la Roja, no caben dudas.
El equipo de Gareca tendrá ahora por lo menos a un líder, un modelo a seguir, alguien que, por último, sea capaz de pegar un grito, golpear la mesa y enseñar rutas en momentos clave, como lo demostró el domingo en Copiapó cuando la ilusión colocolina se estaba cayendo a pedazos.
Vidal será un aporte en la Roja, simplemente, porque es el mejor. Y no solo ahora. El mejor que hayamos tenido alguna vez.