¿Dulce o travesura? La pregunta hipnotiza a los niños. Sin importar el calor o estrato social, los disfraces abundan por las calles. Grupos de pequeños recolectan chocolates, caramelos, lo que se les ofrezca. Tierno y entretenido el espectáculo de Halloween, ¿cierto? Bueno, le sugiero que guarde esos recuerdos, pues la cosa puede cambiar.
A pesar de los esfuerzos de algunos en el Ejecutivo y Congreso por revertir la tendencia, la caída generalizada en el número de nacimientos en Chile preocupa. Describo el fenómeno en seguida, pero antes el dato clave: para mantener el tamaño de la población estable, en promedio, una mujer debe dar a luz 2,1 bebés. Esto asegura que una pareja sea reemplazada por dos personas. ¿Y el 0,1? Para compensar la mortalidad infantil.
Vamos al caso local. La caída en la tasa de fertilidad de Chile tiene larga data. Sí, el país nunca se destacó en la región en la materia y el crecimiento económico de los 30 años fue un factor que modificó las decisiones de las familias. De hecho, ya en 1999 el número de niños por mujer era menor al 2,1 necesario para sostener la población en el largo plazo. Pero la debacle de la última década es brutal y no estaba en los planes de nadie.
Pongo lo ocurrido en perspectiva. Históricamente, Cuba había tenido las menores tasas de fertilidad de América Latina. La caída se inició en los 60 y las razones son más o menos obvias. Sin futuro, ¿para qué traer hijos al mundo?
Bueno, Cuba ya no es el último de la tabla. Con un récord de 1,14 niños por mujer, Chile batió a la dictadura. Para ser precisos, de acuerdo con datos de Cepal, desde el 2017 nuestro país es colista en la región. Qué coincidencia, justo cuando ya se dejaba sentir el frenazo económico.
¿Y qué?, se preguntará usted. Una consecuencia directa es que la población nacional comenzará a caer. Si no hay sorpresas, esto se concretará durante las próximas dos décadas. Se estima que al final de este siglo volveremos a los 15 millones del 2000.
¿Y qué? Bueno, eso cambia todo. No serán 15 millones de una población joven, sino de una envejecida. En el 2050 (a la vuelta de la esquina), el 11,5% será menor de 15 años y un 26,7% tendrá 65 o más. Imagine los ajustes en educación (colegios vacíos), salud (¿preparados?), previsión (ojo con el reparto) y productividad (ya al debe). Las expectativas de crecimiento serán aún menores. Ese es un círculo calamitoso.
Poco a poco se ha ido tomando conciencia del durísimo impacto sobre las nuevas generaciones de la década de mínimo progreso económico. Le agrego un pelo a la sopa: Si el desplome en la fertilidad es producto del estancamiento, la urgencia de sacar al país del hoyo toma otro calibre. Un ajustito aquí, otro acá, todo para crecer 2,5% en vez de 2%; eso sería insuficiente. El desafío es gigante: ¿Qué proyecto país hay que soñar para que en Chile vuelvan a nacer bebés? La respuesta definirá si el Halloween del futuro seguirá siendo una tierna celebración infantil o una pesadilla real.