El nombre puede no sonarles mucho a los hinchas e incluso a varios de los que se sienten involucrados en el devenir futbolero nacional, pero Jorge Guerrero es, como dice su currículum, un “periodista chileno especializado en la gestión deportiva, experto en formación de talentos para el fútbol profesional, planes de desarrollo y planificación estratégica del fútbol”.
Hasta mayo de este año, Guerrero era director de Desarrollo Técnico de la Asociación Nacional de Fútbol Profesional y uno de los autores del Plan Nacional del Fútbol Formativo, pero fue cesado debido a los “ajustes presupuestarios” propuestos por la gerencia general de Quilín y respaldados por el presidente Pablo Milad.
Su salida, al parecer, era más relevante para los equilibrios económicos que la del propio gerente que no había logrado hacer bien su trabajo.
En fin, lo bueno es que la experiencia de Guerrero no ha sido desaprovechada y desde hace algún tiempo trabaja en Palestino, club que —a diferencia de la ANFP— parece entender que tener a un profesional de este nivel es trascendental para establecer una política formativa.
La labor de Guerrero, obviamente, no solo se basa en percepciones, sino que en datos que, tabulados en orden, entregan información valiosa para interpretar hechos y encontrar respuestas.
Por ejemplo, en base a un trabajo realizado por Guerrero que él ha compartido con gente del fútbol —y que uno de ellos hizo llegar a este columnista— se puede empezar a entender por qué hoy el fútbol chileno carece de una generación de jugadores de entre 24 y 29 años que sea una base confiable desde el punto de vista competitivo a nivel internacional.
Y por supuesto que eso tiene que ver con las políticas instauradas en el fútbol formativo.
Entre 2011 y 2015, época en que la ANFP era encabezada por Sergio Jadue, se tomó la peor decisión posible: desterrar el modelo competitivo de las divisiones menores instaurado en la administración anterior (la de Harold Mayne-Nicholls) que implicaba un torneo de alcance nacional y dos divisiones por cada categoría a partir de la Sub 15, para reemplazarlo por el arcaico, más barato y menos competitivo modelo regionalizado donde un club podía jugar muchas veces con uno y ninguna con otro.
Lo extraño fue que la determinación se tomó en base a criterios económicos (la ANFP subvenciona los torneos de menores desde el gobierno de Ricardo Abumohor) justo en el momento de mayor bonanza (plena época de la generación dorada y de los grandes contratos televisivos).
La ambición pudo más que el deseo de seguir creciendo.
Sí, es cierto que luego cuando estuvo Arturo Salah al mando del fútbol chileno (entre 2016 y 2018) se volvió al modelo anterior de dos divisiones por categoría. Incluso se hizo obligatorio que los equipos agregaran las series Sub 13 y Sub 14.
Pero el daño ya estaba hecho.
Hoy los futbolistas chilenos que se supone viven la edad ideal para competir padecen los negativos efectos de una decisión economicista y no técnica.
Nada pasa por azar.