Cuenta la leyenda que, en la antigua región de Frigia, un campesino llamado Gordias fue elegido rey y, en agradecimiento a los dioses, ató su carro a un poste con un nudo extremadamente complejo. Durante años, muchas personas intentaron desatar el nudo, pero ninguna tuvo éxito. Quien lo lograra tendría enormes recompensas.
Desde hace una década Chile parece enfrascado en discusiones sin solución. El sistema político que nació como consecuencia de la reforma de 2015 prometía mayor representatividad y, como consecuencia, que la discusión política catalizara de mejor manera las demandas de la ciudadanía. Esto, a su vez, traería una mayor identificación de las personas con el mundo político.
Lamentablemente nada de eso ha ocurrido. Aunque el objetivo era aumentar la representatividad, lo cierto es que desde la reforma se ha exacerbado la fragmentación política, dificultando la gobernabilidad. Además, según la última encuesta CEP, solo el 8% de los chilenos manifiesta confianza en el Congreso y un débil 4% en los partidos políticos. No podemos acostumbrarnos a esa realidad: ambas son instituciones fundamentales para la República.
Con la fragmentación y la polarización, la búsqueda de acuerdos se ha vuelto casi imposible. Reformas que apuntalen el crecimiento, la inversión y el empleo o aquellas que buscan resolver las demandas crecientes de la ciudadanía, como las pensiones, la educación y la salud, terminan siendo discutidas con sesgos ideológicos y no con un enfoque integral y técnico.
El problema es que Chile comienza a percibirse errático en sus decisiones políticas, lo que genera desconfianza y desorden en los debates fundamentales. En ese sentido, dejando de lado la discusión sobre el sistema de gobierno, tal vez un primer foco más urgente es la reforma al sistema electoral y cómo se desarrolla la labor legislativa, con buenos incentivos para alcanzar acuerdos.
¿Por qué esto importa para la economía? Organismos financieros internacionales y agencias clasificadoras de riesgo ya empiezan a advertir sobre el impacto que esto hoy tiene sobre el crecimiento de la economía y de la productividad en Chile, pero también sobre el impacto negativo en la acumulación de capital, tanto físico como humano.
La política importa. Y tiene impacto sobre la economía y su desempeño. Por lo tanto, el llamado es a hacernos cargo.
Una reforma al sistema político es esencial para abrir la llave a buenas políticas públicas que nos permitan volver a crecer. En ese sentido, pareciera que no hay que inventar la rueda, sino que revisar propuestas que ya han concitado apoyo transversal, como lo propuesto por la Comisión Experta Constitucional. Han sido años complejos para el país, pero incluso en un contexto adverso, es notable que haya existido tal consenso sobre la necesidad de reducir la fragmentación política y fortalecer las herramientas para mejorar el funcionamiento de los partidos en democracia. Esto es fundamental para avanzar hacia un sistema político más cohesionado, capaz de enfrentar los desafíos actuales con eficacia.
Según la leyenda, quien desatara el nudo gordiano lograría conquistar Asia. Una reforma al sistema político en Chile no solo mejoraría la representación política, sino que también fomentaría un ambiente propicio para el diálogo y los acuerdos necesarios para abordar los retos del futuro. Quienes estén disponibles para desatar el nudo, poco y nada tendrán que ver con conquistar Asia, sino que se anotarán en la historia como quienes lograron sacar a Chile del estancamiento y, de paso, reconquistar el corazón de la ciudadanía.
Rosario Navarro
Presidenta de Sofofa