Hace tiempo ya que el crecimiento del sector público supera ampliamente la expansión del sector privado. Es así como en las últimas tres décadas, mientras el PIB creció a una tasa promedio de 4,3%, el gasto del gobierno central se expandió a un ritmo de 6%. Aunque la metodología de cálculo no es exacta, esto significa que el espacio para el crecimiento de gasto privado fue de algo más de 3,5%. Esta brecha en espacios de crecimiento se acentuó en forma significativa en la última década, con una expansión del PIB de 1,9% en promedio, del gasto fiscal de 5,2% y del gasto realizado por privados de solo 0,5% promedio anual, cifra que se da a pesar de una expansión récord en 2021 producto de las desmedidas políticas de estímulo durante la pandemia. Excluyendo ese año, la cifra resultaría negativa.
Algunos podrían plantear que se trata de un fenómeno normal en un país de ingreso medio alto, que demanda más servicios del Estado. Aunque la idea puede tener asidero, me parece que no aplica en este caso, sobre todo considerando que la calidad de esos servicios parece en franco deterioro, partiendo por el rol que fundamenta la existencia del Estado: el resguardo del Estado de Derecho y de la seguridad pública. En esa materia tenemos la peor situación en décadas. La deficiencia de los servicios públicos se da a pesar del significativo aumento de funcionarios y de nuevos organismos, cuya justificación siempre es responder a las demandas ciudadanas. Parece que la estrategia no está funcionando, pero se insiste en ella, con nuevos ministerios, de Seguridad Pública en discusión, al que se suma la idea de un Ministerio de la Reconstrucción. En 1990 había 18 ministerios, ahora hay 26 (uno nuevo cada cuatro años en promedio), los cuales además muestran una constante creación de nuevos servicios.
En la última década, además de que el número de funcionarios del gobierno central pasó de 275 mil a 488 mil, se crearon más de 80 organismos públicos en ese nivel del Estado, explicados en parte por los nuevos gobiernos regionales y los servicios locales de educación. Los que desaparecen son porque cambian de calidad jurídica. El accountability de este crecimiento explosivo de funcionarios y nuevos servicios es inexistente.
Pareciera que mientras más organismos públicos y reparticiones, peor el servicio que reciben los ciudadanos. ¿Cómo es posible esta paradoja? Creo que se explica, entre otros, porque en muchos casos las nuevas funciones que se crean son para suplir deficiencias de las existentes, en vez de hacer procesos de cirugía mayor en las reparticiones con problemas, que se ven dificultados por la rigidez del Estatuto Administrativo y por un cierto grado de captura por parte de los funcionarios. En simple, vamos haciendo crecer el Estado para tratar de corregir las fallas del propio Estado. Eso resulta bastante patente con la creación del Ministerio de Seguridad Pública.
Me parece que esto ocurre también con el proyecto de ley que crea la Afide (Agencia de Financiamiento e Inversión para el Desarrollo), dependiente de la Corfo, cuyo objetivo sería promover inversión, a través de facilitar el financiamiento de proyectos más riesgosos. Se trata de una especie de banca de segundo piso, cuya creación, por supuesto, demanda recursos, especialmente nuevos funcionarios que desempeñen este rol adicional del Estado, bastante especializado. Surge entonces la pregunta: ¿No sería mejor reducir significativamente la “permisología”, recuperar un sistema tributario más amigable con la inversión y restaurar la certeza jurídica, bastante deteriorada en la última década? ¿Ahora necesitamos agencias que faciliten la inversión luego de que políticas públicas erradas son la principal causa del estancamiento de la misma?
Pero eso no es todo. En las circunstancias actuales, en que además surgen preocupantes alarmas sobre la sostenibilidad fiscal, la reestructuración del Estado no solo es necesaria para entregar servicios públicos eficaces, sino porque es absolutamente inviable que el Estado crezca al ritmo que lo ha venido haciendo. Llegó la hora de que empiece a ejercer en buena forma su función sin necesidad de seguir aumentando la planta y el número de organismos.
Cecilia Cifuentes
Directora ejecutiva del Centro de Estudios Financieros ESE Business School Universidad de los Andes