Vivimos el Mes de la Patria. En estos días la patria domina todo. Una palabra que brota sola e inunda ceremonias y festejos, copando las emociones. Una palabra que se pronuncia sin importar qué significa. Porque aparece lo obvio: ¿Y para qué? Si patria se entiende por sí misma y su vigencia es invariable y eterna. Su gracia y protección es inmune a los tiempos, a los conflictos y a las voluntades. Así es que —pase lo que pase— ahí permanece la patria, con sus poderosos y suaves brazos, abiertos a todas y todos por igual. Como una especie de garantía, consistente en que si ella está en juego, el conflicto se regula.
En teoría puede ser.
Pero como los hechos del día a día son porfiados, así como este mes y sus fiestas son fugaces, conviene preguntarse con un ánimo más bien preventivo, cuán vigente se encuentra tal noción neutra de patria en el complejo Chile de nuestros días. ¿Hasta dónde esa confianza en la patria podría ser un barril sin fondo, y hasta dónde la noción de patria puede empezar a interpretarse por los bandos en pugna?
Entonces, solo con ánimo preventivo, conviene revisar cuál es el significado de patria, tanto como expresión neutra y en su significado político y constitucional, así como noción en la tradición histórica y jurídica chilena.
Partamos por su etimología y significado. Según la RAE (Real Academia Española), patria proviene de la misma expresión latina y significa: “tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos”. Y si avanzamos en el significado específico jurídico, nos encontramos con una leve precisión: “Patria: Lugar de los vínculos históricos de una nación que permanece en la memoria de aquellos que tienen el sentimiento de pertenecer a esta nación, como un territorio que hay que defender o reconquistar (cuando aquel no corresponde ya a un Estado”) (Vocabulario Jurídico Henri Capitant).
Estamos, entonces, ante un significado de patria entendido como vínculo múltiple entre las personas con varios conceptos básicos de la doctrina política y constitucional, como son país, nación o Estado. Pero con un agregado específico sobre patria: el factor afectivo o sentimental. Ahí radica la gran diferencia entre patria y aquellas nociones equivalentes, moldeadas por atributos étnicos (nación), jurídicos (Estado) o territoriales (país).
Estas diferencias conceptuales entre patria y esas nociones equivalentes nos permiten constatar literalmente su vigencia textual en el nacimiento de Chile como país, nación y Estado.
El primer ejemplo textual radica en la propia Primera Junta de Gobierno. En efecto, en la breve, pero enjundiosa, Acta del Cabildo Abierto del 18 de septiembre de 1810 —o sea, lo que materialmente celebramos en nuestro aniversario nacional— se lee como un fundamento de su convocatoria el siguiente texto: “que siendo el principal objeto del Gobierno y del cuerpo representante de la Patria, el orden, quietud y tranquilidad pública, perturbada notablemente en medio de la incertidumbre acerca de las noticias de la Metrópoli” (la expresión patria está con mayúscula en el original).
El segundo ejemplo radica en otro texto fundante de Chile, firmado con ocasión de la Proclamación de su Independencia. En efecto, el Acta de la Independencia de Chile —firmada el 1° de enero de 1818— fue acompañada de un Manifiesto de la Independencia, dirigido “a las naciones” por el Director Supremo de Chile, Bernardo O'Higgins, fechado el 12 de febrero de 1818, en cuyo texto se lee: “Recibido de la Providencia el del nacimiento, podemos llamar NUESTRA PATRIA (sic, con mayúsculas) a este suelo en que vimos la primera luz y hemos alcanzado la de la civilización del siglo” (última oración del cuarto párrafo del Manifiesto).
Como se observa, entonces, el concepto de patria tiene un claro y respetable respaldo en el ordenamiento jurídico-constitucional de Chile. Desde luego, hay mucho que agregar en diversos cuerpos constitucionales, legales y reglamentarios. Pero estos ejemplos de la primera época chilena sirven para diluir la creencia muy difundida de que el núcleo de patria reside solo en su componente emocional y retórico, sin asidero y relevancia jurídica formal.
Pero lo anterior no altera el sólido potencial retórico de la expresión patria, que se extiende en los más de dos siglos de nuestra historia política. Tal tradición está disponible ampliamente en nuestras fuentes bibliográficas nacionales. Sin embargo —y con el ánimo de preservar un espíritu pluralista y consensuado en el actual contexto político chileno con que hemos querido contribuir—, queremos terminar este artículo recordando las palabras finales del Presidente Patricio Aylwin Azócar en su primer discurso como Presidente de Chile, el 12 de marzo de 1990: “La tarea es hermosa: construir entre todos la Patria que queremos, libre, justa y buena para todos los chilenos. De nosotros depende, compatriotas”.