Hablemos de exceso de confianza. Imagine que a un grupo de personas se les pide realizar una determinada tarea. Antes de comenzar, cada participante debe predecir su desempeño. ¿Quiénes se equivocan más? Se ha demostrado que los mayores guatazos se los pegan quienes obtienen el peor desempeño. Cachetoneo injustificado, “tremenda perso”, ignorancia, póngale como quiera. Este sesgo cognitivo se conoce como efecto Dunning-Kruger y tiene implicancias reales.
La economía chilena decepciona hace rato. Entre 2014 y 2023, el PIB creció 1,91% promedio anual, resultado mediocre que a nadie debe conformar. Y si sumamos la predicción de este año de “despegue” —2,5% cuando el mundo crecerá 3,2%—, el promedio sería 1,97%. Ni para medalla de palo. ¿Mala suerte? Sí, igual que el jueves en Buenos Aires. ¿El futuro luce mejor? Podría delirar y escribir que jugando así, igual clasificamos al Mundial, pero mejor sinceridad: apriete los dientes, que la cosa se ve mal.
En una coincidencia temporal, esta semana el Banco Central dio un mensaje económico similar. Mientras en diciembre anunciaba que el crecimiento del PIB tendencial (no minero) de Chile sería 1,9% (2024-33), con una expansión de mediano plazo de 2,3% (2024-28), su último IPoM informó un “pequeño” cambio de escenario. En cuestión de meses, su estimación tendencial cayó a 1,8% (2025-34) y, desde ahora, en Agustinas 1180 utilizan 2% para el mediano plazo. O sea, no serían 10 años de estancamiento, sino 20.
Duro baño de realidad. Piense en los jóvenes que por primera vez en décadas deberán aceptar expectativas peores que las de la generación anterior. ¿No debería eso generar urgencia para sacar al país de la mediocridad? Obvio, pero no todos parecen convencidos. ¿Vio que ahora sí se condonará el CAE? Millonarios recursos con un mucho mejor uso alternativo, como si sobrara plata. Voluntarismo puro, negación total.
Tal nivel de confusión en la política afecta a todos. Entre 2014 y 2018 el crecimiento de Chile se desplomó a 2,21% promedio anual (2009-13: 4,08%) y vea dónde terminamos. Desde entonces ha sido incluso menor (1,62%). El mercado no es responsable del declive. Hubo malas decisiones de política. ¿Qué más tiene que pasar para aceptarlo?
Y la historia juega en contra. Desde 1960, decenas de países sufrieron períodos para el olvido como el que anticipa el Central para Chile. Ahora, si restringimos a aquellos que, con similar ingreso al inicio del frenazo, dieron vuelta el partido, llegamos a una liga de otro nivel: Dinamarca, Suecia y Nueva Zelandia. ¿Podemos igualar esa tarea? “Vamos lento porque vamos lejos”, recordará alguien la canción. Ternura nivel “de más vamos al Mundial”. ¡Nefasto Dunning-Kruger! Ese exceso de confianza perpetúa la mediocridad.
¿Cómo evitarlo? Primero, aceptando lo obvio: se está fallando en la tarea de salir del subdesarrollo. Será un duelo económico duro, pero honestidad y humildad habilitan cambios. La tarea es gigante, el atraso es real. Basta de delirio estatal y desconfianza de la iniciativa privada. No hay espacio para más guatazos.