Aunque nada puede darse por seguro, pareciera ser un hecho que Universidad de Chile y Colo Colo serán, en definitiva, los que lucharán por el título en la etapa final del torneo nacional.
La irregularidad de una UC que no logra cuajar una idea-base sólida (parece más un equipo que apuesta a los brillos individuales que uno con un funcionamiento colectivo asumido), y la ya evidente caída libre que está sufriendo Coquimbo Unido (que no solo tiene que ver con la pérdida de Luciano Cabral, sino que el extravío de muchas convicciones), les dan a azules y albos el protagonismo de una batalla que, quiérase o no, siempre es atractiva por el solo hecho de tenerlos a ambos como protagonistas.
Pero lo interesante de que sean la U y Colo Colo los que estén peleando el título no es solamente el hecho de que se trate de los equipos más populares del país, con todo el morbo que ello implica, sino el hecho indesmentible que son las escuadras que mayores méritos táctico-estratégicos exhiben en el campeonato.
Son equipos que han ido evolucionando para mejorar. Es cosa de ponerlos a contraluz para observar los detalles de una radiografía.
La U, en un principio, pareció estructurarse como un equipo de juego directo, de trazos largos, de salida sin mucho toque. Gustavo Álvarez siempre tuvo la idea de abrir el equipo con laterales de gran recorrido y que ellos conectaran a atacantes con mucha movilidad, que pudiesen crear espacios para convertir.
La fórmula, por cierto, fue asentándose con los buenos resultados, pero también se fue detectando una falencia: como no había un volante que pudiera retroceder como tercer central ante el despliegue paralelo de los laterales, Álvarez tuvo que modificar su idea hasta llegar a lo que es hoy: un equipo que, con la presencia de Charles Aránguiz, tiene una salida más pausada y más segura.
Y el cambio le está dando resultado.
En el Colo Colo de Jorge Almirón si bien la posesión como concepto no se transa, poco a poco ha dejado de ser una obsesión.
El DT se dio cuenta de que muchos rivales le empezaron a incomodar de la manera más básica: cediéndoles la pelota, esperando con mucha gente detrás y apostando a que, cuando el partido se les fuera complicando a los albos, los zagueros empezarían a arriesgarse a subir con la pelota en los pies, momentos en que se le presentaría la opción de presionarlos y eventualmente superarlos. Así perdió con la U, con Cobreloa y con Copiapó en el Monumental.
Por eso es que hoy los albos, de hecho, ceden la pelota y por momentos se ven vulnerables a la presión alta del rival (algo que se ha observado en los primeros 15-20 minutos de varios partidos, como ante O'Higgins y Unión). Pero, de repente, Colo Colo se reconvierte y comienza de nuevo a tener la pelota, a veces a trazos largos, otras con toques seguros y, finalmente, aplicando su estrategia en el tramo final del partido de acuerdo al resultado eventual.
Por eso es que los albos, finalmente, parecen sólidos. Lo mismo en el caso de la U que no se ha quedado en el dogma y se ha acoplado.
Buena pelea la que están dando estos dos…