Tenemos un país fuerte, y uno de los más lindos del mundo, que ha sabido ponerse de pie una y otra vez a lo largo de su historia. Los chilenos aman su bandera, son solidarios y tienen “chispeza”, como dijo el gran Gary Medel. Pero desde hace algunos años, la desesperanza se ha instalado en el ambiente. Y es ese sentimiento el que debemos revertir.
Si queremos salir adelante es necesario cambiar lo que nos tiene estancados y ofrecer a los chilenos, que dieron muestra del mayor sentido común aquel 4 de septiembre del 2022, un sueño posible, rechazando ese Chile esclavo del Estado, refundado, irreconocible, dividido, antidemocrático que la coalición gobernante se jugó por aprobar. Podemos volver a ser un país unido, seguro, modelo para el mundo, en que las instituciones funcionan, en que lo privado y lo público trabajan de la mano, en que se premia al que se esfuerza, se ayuda al emprendedor, se potencia la libertad para que cada persona aporte lo mejor de sí misma y no se deja a nadie atrás.
Esta es mi última columna porque muy pronto se iniciará la campaña municipal donde aspiro a ser elegida alcaldesa de Las Condes. Agradezco la oportunidad de este espacio que me ha permitido compartir con ustedes mis reflexiones. Chile no está bien y restarse no es opción. Estoy convencida de que uno debe dar cada día lo mejor de sí mismo para hacer una diferencia a los millones de chilenos que viven junto a nosotros en este maravilloso país. Y elegí no seguir de comentarista y pasar nuevamente a la acción.
No me voy a rendir nunca ante la izquierda radical que nos gobierna, que no cree en nuestro modelo de desarrollo, ni en la libertad, ni en la igualdad ante la ley, ni en el control al poder político. Para dar vuelta el daño que están haciendo y poder sacarlos del poder en las próximas elecciones presidenciales, es esencial la unidad de las oposiciones. Sin ella no ganamos. Así de simple.
Sé que hay diferencias, pero ante lo que tenemos al frente, son muy menores. Siempre he luchado por que pongamos el eje en lo que nos une y no en lo que nos divide. Por eso, cuando vi que en Las Condes se produciría una competencia al interior de la derecha, decidí intervenir, y con la generosidad de todos, logramos la unidad que tanto piden nuestros electores. Se puede. Hoy tengo el apoyo de vecinos independientes con firmas ciudadanas, y el respaldo de Renovación Nacional, UDI, Evópoli y el Partido Republicano. Hemos conformado un equipo de trabajo transversal y nos podemos concentrar en lo que importa: ofrecer a Las Condes la mejor gestión, y a Chile un modelo de unidad.
Si queremos llegar a La Moneda, debemos gobernar cada comuna con eficiencia, transparencia, escuchando a los vecinos. Ellos saben y conocen mejor que nadie sus problemas, las soluciones que necesitan, y quieren ser parte de ellas. Y en eso creemos. Esa es la subsidiariedad que tanto nos gusta defender académicamente, pero a veces se olvida al gobernar. No podemos tampoco pregonar la modernización del Estado, si en lo local gestionamos con burocracia y hacemos crecer el aparato público. Quiero que cualquier chileno al mirar Las Condes pueda decir “así de bien gobierna la derecha”: une, gestiona, escucha, soluciona, atiende, empuja, cuida.
Los necesitamos a todos arriba para levantar Chile. Arriba la esperanza. Arriba la unidad. Arriba los sueños de siempre, esos que, hasta ahora, nadie ha logrado destruir. ¡Arriba Chile!