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Editorial
Martes 26 de diciembre de 2023
Progreso detenido
Lo que más pesa en el pesimismo nacional es que ya por una década el país viene exhibiendo un desempeño mediocre.
En el debate público es importante, en algunas dimensiones, incorporar una perspectiva comparada. Resulta interesante, por lo mismo, el séptimo lugar que, entre 35 naciones de la OCDE, la revista The Economist otorga a nuestro país en su desempeño económico 2023.
Son cinco indicadores los que se utilizaron para definir este ranking: inflación subyacente, amplitud de la inflación (medida como la variación de un año en la proporción de productos que aumentan su precio en más de dos por ciento), crecimiento económico, aumento en la ocupación y variación real en el precio de las acciones. De este modo, Grecia ocupa el primer lugar en la lista gracias a un retorno accionario de 44 por ciento y al control de su inflación. El indicador más fuerte de Chile (donde se ubica en sexto lugar) es el incremento del empleo, reportado en 2,4 por ciento. Es un antecedente que puede sorprender, dado que este año ha habido un alza en la tasa de desocupación. Pero la paradoja es más aparente que real. Chile ha sido el país de la OCDE con la recuperación más lenta de sus indicadores laborales. De hecho, la tasa de participación laboral (es decir, las personas que integran la fuerza de trabajo) aún no retorna a los niveles previos a la pandemia. En este contexto, este año se ha observado un crecimiento de la ocupación (de allí el buen lugar en el ranking), pero también de la participación, y esto a un ritmo más elevado, lo que ha llevado a un mayor desempleo.
En tanto, el indicador más débil de Chile es el crecimiento económico, donde ocupa la posición 20 entre los 35 países considerados. Aun así, la combinación de parámetros nos coloca en una buena posición.
Pareciera difícil, por cierto, compatibilizar estos resultados con el marcado pesimismo económico que la ciudadanía expresa en las distintas encuestas de opinión pública, resultado que también emerge de los diversos indicadores de confianza empresarial. Sin embargo, no se puede olvidar que esta es una muestra seleccionada de países, la mayoría de los cuales son de altos ingresos y con niveles de vida superiores a los de los chilenos. En efecto, el ingreso per cápita de los países considerados en el ranking es, en dólares, casi tres veces mayor que el chileno; solo dos países de la muestra —Colombia y México— tienen ingresos per cápita inferiores al nuestro. La gran mayoría de las naciones consideradas son, además, europeas y han tenido una coyuntura reciente compleja, con una actividad económica debilitada, inflación elevada y una guerra que ocurre en su vecindario. El desempleo promedio de los países del ranking es 45 por ciento más bajo que el chileno y sus tasas de participación son, en general, más elevadas. Solo tres naciones tienen desocupaciones similares o superiores a la chilena.
Pero quizás lo que más pesa en el pesimismo nacional es que, salvo en el caso de la inflación, Chile viene exhibiendo un desempeño económico mediocre ya por una década. Las posibilidades de progreso, entonces, se debilitan. Tampoco ayudan el clima político de rencillas permanentes y la recurrente imposibilidad de alcanzar acuerdos en asuntos sensibles para la población. Un país políticamente desarticulado y sin liderazgos retrasa los avances. Y ello, a los ojos de la ciudadanía, es muy notorio. En un escenario así, la coyuntura invita a escoger unos pocos asuntos, pero con el compromiso transversal de abordarlos con mucha seriedad para cambiar realmente el estado de las cosas en poco tiempo. Para ello, un elemento ineludible debe ser el logro de una economía dinámica. Las trabas burocráticas para el desarrollo de proyectos reducen la intensidad competitiva del país y crean un círculo vicioso que impide que los recursos fluyan desde las iniciativas menos productivas hacia las que son más. Es un fenómeno que trasciende la economía y que impide avanzar.