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Editorial
Martes 12 de diciembre de 2023
Inicio de la era Milei
El descarnado discurso inaugural da cuenta de la profundidad de la crisis trasandina y el alto costo que supondrá enfrentarla.
En una ceremonia a la que se le introdujeron algunas simbólicas modificaciones respecto del pasado, Javier Milei asumió la Presidencia de Argentina. El flamante mandatario dio su primer discurso de cara a la ciudadanía en la Plaza del Congreso, y no al interior del edificio y dirigido a los parlamentarios, como era la costumbre. A su vez, el juramento de su gabinete se hizo de manera privada en la Casa Rosada.
Ese primer cambio fue seguido de otros, que se expresaron en el inusual contenido de su discurso, franco y descarnado. En poco más de treinta minutos, Milei se encargó de explicitar la extraordinariamente difícil situación que hereda del gobierno anterior, en términos de inflación, déficit fiscal y externo, pobreza, salud y otros, extrapolando lo que ocurriría si no hubiese cambios, y repitiendo en varias ocasiones que, como resultado de ello, no hay alternativa al “ajuste” y al “shock” (palabras que, hasta hace poco, estaban cargadas de contenido político negativo en el vecino país). Reconoció, asimismo, que los efectos iniciales inmediatos de las medidas serán más inflación y pobreza, a pesar de que una parte importante del ajuste se lo llevará, en sus palabras, el Estado. Insistió en que el pueblo argentino había escogido efectuar un cambio radical al camino seguido y que ese fue el corazón de su campaña, por lo que el mandato popular recibido le permite implementar la dolorosa receta —y que supondrá, nada menos, incrementar inicialmente los duros costos que está pagando la ciudadanía— como única manera de recuperar, en el mediano plazo, la riqueza y grandeza previas. No es común escuchar un discurso tan realista y descarnado de un primer mandatario entrante.
Milei hizo, además, varias referencias históricas que refuerzan la línea de cambio que quiere introducir. Recordó la importancia de la Constitución liberal de 1853, que sentó las bases del progreso argentino de la segunda mitad del siglo XIX y que llevó a la nación vecina a estar en la cúspide mundial en los inicios del siglo XX. A propósito de ello, destacó el mérito que le cupo al Presidente Roca, quien gobernó en dos períodos distintos (1880-1886 y 1898-1904). También lamentó el estado en que se encuentra la educación trasandina en la actualidad, preguntándose qué diría el Presidente Sarmiento (1868-1874), gran responsable del impresionante desarrollo educativo que llegó a experimentar el vecino país, puntal de su envidiable progreso económico posterior. Asimismo, fijó como el inicio de la decadencia la ruta iniciada 100 años atrás, cuando se abandonaron las ideas liberales y comenzó a entronizarse lo que él llamó “el colectivismo”, incluyendo en ello políticas y gobiernos que van más allá del peronismo. Antes de ese momento, apuntó, se vivió un pasado glorioso, y a partir de allí comenzó el declive. Desde esa mirada, Milei presentó la opción que él propone como el inicio de la ansiada recuperación, muchas veces prometida pero hasta ahora no lograda. Recuperación que se basa, según él, precisamente en apartarse radicalmente del camino seguido en el último siglo y acometer en cambio el de “la libertad”.
El tono del discurso fue cuidado, por momentos algo monocorde, con muy pocas interpelaciones a alta voz, sin los ampulosos gestos corporales que le dieron fama en los programas televisivos, prefiriendo en casi todo momento leer sin improvisar. Quizás si los inmensos desafíos que ahora enfrenta como Presidente —en especial, aplicar exitosamente el duro ajuste anunciado— morigeraron sus anteriores instintos grandilocuentes de candidato. Como sea, la apuesta que la ciudadanía argentina ha hecho con Milei es grande y riesgosa, y el que haya estado dispuesta a tomarla solo se puede entender porque finalmente constató, en carne propia, la profundidad de la crisis en la que el país se encuentra sumido. Nadie podría anticipar si el nuevo mandatario tendrá éxito en su ambicioso empeño. Desde ya, sin embargo, la franqueza con que ha explicitado ante su pueblo la dolorosa ruta que le aguarda representa un cambio notable.