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Cartas
Domingo 10 de diciembre de 2023
Voto En contra
Señor Director:
Hay motivos suficientes para votar En contra el 17 de diciembre próximo. Uno, es ser consecuente con la defensa asumida de la Carta Fundamental. Si el argumento puede parecer banal en épocas de volteretas y zigzags, es que además abrigamos la convicción de que el actual proceso constitucional es el fruto contaminado de un mero acto de violencia delictual. Que no se sanea por un ulterior acuerdo político cupular, de hacer revivir inconsultamente un proceso fenecido el 4 de septiembre de 2022, precisamente porque este arreglo partidista se produjo fuera del marco constitucional (ver STC, Rol 2646-2014).
Tocante al texto propuesto por el Consejo Constitucional, son conocidos sus déficits jurídicos como para volver a repetirlos aquí. Séanos permitido acusar las notorias ambivalencias presentes en el eje doctrinario que, supuestamente, debería vertebrarlo conforme a una inequívoca orientación ius pública cristiana. Pues ya no solo son los conceptos vagos y las palabras ambiguas habituales en toda normativa abstracta y general. Ahora son términos disputados y de gran calado metapolítico como el “estado social y democrático de derecho”, abierto a cualquier interpretación por falta de una explicación que ha debido darse en el texto.
O como la consagración, en el lenguaje performativo de la posmodernidad, de la “no discriminación” y de la “diversidad” permeando toda la cultura y la entera legalidad, en el contexto de una democracia donde el relativismo cancela toda posibilidad de que en la esfera pública se pueda distinguir el bien del mal, lo correcto de lo incorrecto, por encima naturalmente de lo que quieran imponernos los partidos políticos y los legisladores de turno.
Las “familias” compelidas a vivir en “solidaridad” con la “interculturalidad” y sumidas en un mundo transido por la “pluralidad de visiones”, amén de un animalismo y de una ecología profunda apenas disimulados, admitidos todos ellos sin reservas por la carencia de un discurso forense fuerte llamado a contrarrestarlos, son otros tantos dispositivos que apuntan a constitucionalizar esa misma agenda transformadora y radical.
Se han colado en la propuesta ideas de alta densidad ideológica y de superlativa proyección ontológica, difíciles de captar para el materialismo rampante o para quienes se distraen con lo coyuntural, pero cuya implementación legislativa y judicial está destinada a habilitar —más pronto que tarde— un nuevo cambio refundacional.
Iván Aróstica Maldonado