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Editorial
Martes 05 de diciembre de 2023
Avance en la PAES
Aunque el proceso ha sido bien llevado, hay elementos que mejorar y debe considerarse la posibilidad de incorporar más instrumentos.
Hace pocos días, algo más de 252 mil personas rindieron la Prueba de Acceso a la Educación Superior (PAES), que se encuentra en su segundo año de implementación. En lo que representa un avance importante en transparencia, ya se publicó una forma de cada uno de los test que se rindieron. Su revisión deja en evidencia el nuevo enfoque que caracteriza a estos instrumentos, que buscan medir habilidades como la capacidad de aplicar conocimientos a la resolución de problemas o la de inferir información a partir de planteamientos o textos incluidos en la misma prueba. Por cierto, estas habilidades no se desarrollan en el vacío y, por tanto, el currículum nacional sirve de base para la confección de los cuestionarios. Una revisión del material publicado deja con la impresión de que este nuevo enfoque está mejor logrado en los test de Competencia Lectora y en Matemáticas 1 y 2. Las otras pruebas, particularmente la de Historia y Ciencias Sociales, parecen estar aún en transición respecto de la antigua PSU, que exageraba la evaluación de contenidos. En efecto, algunas preguntas parecían requerir, más que habilidades como las antes mencionadas, intentar descifrar a quienes las prepararon. Posiblemente será necesario un mayor afinamiento.
La PSU tenía, al menos, dos problemas. Por un lado, es sabido que los colegios y liceos cubren los contenidos curriculares de maneras muy distintas, afectando la equidad. El caso más emblemático era la poca consideración de esa prueba hacia los liceos técnico-profesionales, cuyos estudiantes resultaban claramente perjudicados. Las nuevas pruebas se hacen cargo de esta realidad y, por tanto, en el margen, pueden contribuir a generar mayores oportunidades. Ello, aun cuando, evidentemente, no pueden corregir todas las desigualdades, una mayoría de las cuales se genera antes que las personas siquiera ingresen a la educación escolar, por una inadecuada educación en la primera infancia y una realidad en los hogares más vulnerables que no es apropiadamente atendida por la política pública. Por otro lado, pruebas como las que ha diseñado el nuevo sistema de admisión son habitualmente mejores predictoras de desempeño académico en la educación superior. En cambio, aquellas que enfatizan en demasía el currículum son menos efectivas en satisfacer este objetivo, central en todo sistema de selección a las universidades.
La validez y confiabilidad de los nuevos instrumentos tendrá que ser monitoreada apropiadamente por el Demre de la Universidad de Chile. En este propósito se requiere una colaboración efectiva de las instituciones de educación superior, que aporten con la información indispensable para realizar alguno de estos estudios. Adicionalmente, el sistema debe poner información innominada a disposición de los académicos para que lleven adelante investigaciones independientes. Se requieren, además, los recursos que permitan construir y enriquecer los bancos de preguntas.
Una de las características de estas pruebas es que su puntaje es comparable en el tiempo. La PSU, en cambio, se estandarizaba todos los años con un promedio (y mediana) y una distribución equivalentes, pero ello no garantizaba tal comparabilidad. Este cambio aún no ha sido bien comprendido por la población ni por las comunidades escolares. Es un asunto que tomará algún tiempo y ha constituido quizás una debilidad en un proceso de implementación de las nuevas pruebas que ha sido, en general, bien llevado. Consolidar la transformación tomará algún tiempo, pero debe desde ya comenzarse a pensar si el conjunto de instrumentos no debería evolucionar e incorporar otros nuevos. Hace mucho tiempo se viene discutiendo, por ejemplo, la posibilidad de incluir habilidades de escritura, que suelen ser un buen predictor de desempeño académico en las universidades. Es complejo diseñarlo, pero diversos países han caminado en esta dirección. Y es que cuesta pensar que la actual batería sea suficiente para seleccionar a los estudiantes que postularán a los más de dos mil programas que ofrecen las universidades chilenas. Además, es importante que el sistema de admisión sea deferente con el sistema escolar y utilice pruebas que, dada la influencia que tienen en el desarrollo de la educación secundaria, posibiliten que colegios y liceos ejecuten sus procesos formativos con la integralidad que se requiere.