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Editorial
Martes 24 de octubre de 2023
Argentina impredecible
La habilidad política de Massa, el viejo clientelismo peronista y la división opositora fueron determinantes el domingo.
El peronismo movilizó toda su maquinaria partidista, social y sindical para llegar al sorpresivo resultado electoral del domingo en Argentina, que permitió a Sergio Massa, el actual ministro de Economía, no solo pasar a segunda vuelta, sino ganarle a quien parecía listo para el triunfo. Javier Milei, el libertario que en dos años se posicionó a la cabeza de las encuestas tras ganar las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias —PASO— de agosto, no pudo aumentar significativamente su votación. Los comicios dejaron a la coalición opositora de centroderecha, Juntos por el Cambio, con su candidata Patricia Bullrich, en una crisis que hace peligrar incluso su existencia. Ningún partido consiguió mayoría en el Congreso, lo que aumenta la incertidumbre sobre la gobernabilidad futura.
En medio de la debacle económica, con una inflación que algunos proyectan a 200 por ciento para este año, sorprende que los votantes manifestaran su confianza en un ministro que no ha podido ofrecer soluciones, salvo aplazar una deuda con el FMI y conseguir préstamos adicionales de China. Tampoco hicieron mella los escándalos de corrupción oficialistas. Debe asignársele parte de la explicación a medidas como el programa de fortalecimiento de la actividad económica, el “plan platita”, en la más clásica tradición clientelista del peronismo, y también a una suerte de campaña del terror, en la que se mostraba cómo, con la promesa de Milei de eliminar subsidios, los precios de la movilización y de los combustibles se dispararían. Posiblemente, el estilo del postulante libertario, con la motosierra como emblema y abriendo controversias hasta con el Papa, les terminó facilitando las cosas a sus adversarios.
Buena parte del repunte debe Massa agradecérselo a los gobernadores e intendentes (alcaldes) de su partido, que primero lo impusieron como candidato —no era la carta de Cristina Fernández— y luego se jugaron a fondo para recuperar el voto de los peronistas menos entusiastas y de quienes no habían salido a votar en las PASO. Con todo, uno de los hombres clave sí está vinculado al kirchnerismo, el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, al mando de la provincia que representa el 37 por ciento del electorado nacional. Kicillof fue el más destacado líder kirchnerista que apareció en público con Massa, porque ni Cristina Fernández ni su hijo Máximo estuvieron en la primera línea de campaña, y tampoco estuvieron presentes el domingo para celebrar el triunfo. Massa apareció solo en el escenario, habló de gobierno de unidad nacional, hizo guiños a los votantes de Bullrich, y en especial a los radicales de la UCR.
Determinante fue la división de la oposición, que sumada supera el 50 por ciento. Lo que hasta hace unos meses parecía una carrera ganada para Juntos por el Cambio —y que motivaba fratricidas disputas en sus filas— se complicó en las primarias con la irrupción de Milei y sus ideas libertarias, su estilo agresivo, sus ataques a “la casta” y una campaña que apeló directo a los jóvenes decepcionados con generaciones de políticos (incluidos entre estos últimos muchas de las figuras de centroderecha que fueron gobierno con Mauricio Macri, sin cambiar el rumbo del país). Las promesas de Milei: dolarización, fin de los subsidios, libertad, no fueron tomadas en serio hasta las PASO, cuando ya era muy tarde para frenar su impulso.
Para Juntos por el Cambio las decisiones que vienen pueden determinar su futuro. Formada por el PRO de Mauricio Macri y Bullrich, los radicales de Martín Lousteau y la Coalición Cívica (CC) de Elisa Carrió, la alianza electoral que ha subsistido desde 2015 muestra hoy fracturas profundas. En el PRO hay quienes, como Macri, muestran inclinación a llegar a algún acuerdo para apoyar a Milei, pero una mayoría de los radicales parecen reacios, mientras la CC ya dejó en libertad a sus partidarios. Analistas pronostican un quiebre, pero se ha dicho que habrá algún tipo de cónclave para trazar una estrategia. Las opciones son difíciles, pues a pesar de sus últimos gestos, Milei no genera la confianza de quienes, como Bullrich y los radicales, fueron maltratados por él y tampoco comparten todas sus propuestas.
En este mes que queda antes de la segunda vuelta se moverán todas las piezas posibles y, como se trata de Argentina, nadie se atreve a hacer pronósticos.