El Mercurio.com - Blogs : El hijo no deseado
Cartas
Viernes 20 de octubre de 2023
El hijo no deseado
Señor Director:
Hace cuatro años, Chile comenzó a experimentar su mayor amenaza de fractura institucional desde el retorno a la democracia. E inmerso en una atmósfera de profunda crisis social y política, el país fue testigo de cómo algunos de sus miembros abrazaron una violencia que asomaba atractiva y poderosa, y haciendo uso de ella simplemente se abocaron a destruir todo aquello que se les cruzase.
Lejos de erguirse como una canalización legítima del malestar, la violencia presenciada a lo largo del país resultó ser barbárica y nihilista. Sin embargo, no faltaron los actores políticos que la leyeron como una manifestación justa, entendible e incluso legítima. De esta forma, idealizaron la barbarie y se dejaron arrastrar por el canto de las sirenas que se oían entre barricadas, bombas molotov, destrucción de monumentos, saqueos y quemas de iglesias. A tal punto alcanzó esta obnubilación, que no faltaron quienes, entre vítores y aplausos, homenajearon en la sede del Congreso Nacional de Santiago a la “primera línea”, así como quienes, disgustados frente a la coyuntura, validaron la destrucción: “¿Cómo quieren que no lo quememos todo?”, sentenció la diputada Catalina Pérez tras la muerte de un malabarista en Panguipulli.
Así, y a cuatro años del estallido, la violencia “octubrista” ha pasado a ser la hija no deseada de una parte importante de la izquierda chilena: una izquierda que pretendió sembrar un nuevo orden social a partir de las cenizas del caos. Una izquierda que, visto en retrospectiva, ambicionó un nuevo despertar a partir de la muerte. Sin embargo, su anhelada creación remite al mito de Frankenstein: el monstruo que terminó volcándose contra su propio creador, convirtiéndose así en su fuente de pesar y en piedra con la que siempre habrá de cargar.
Pedro Villarino F.
Faro UDD