El 22 de octubre se realizará la elección presidencial en Argentina, donde prácticamente todas las encuestas de opinión indican que Javier Milei, el candidato de la ultraderecha liberal, lleva la delantera con alrededor de 35%, seguido del ministro de Economía y candidato del peronismo, Sergio Massa, con un 30%, y tercera aparece Patricia Bullrich, de la alianza de centroderecha Juntos por el Cambio, con un 24-25% de las preferencias.
¿Puede Milei ganar la presidencia en primera vuelta? Sí, porque apela al hartazgo de la ciudadanía argentina, y expresa una rebeldía frente a quienes él denomina las “castas” —las elites, los privilegiados, los subsidiados, los partidos políticos tradicionales— en un país en crisis económica. Pero la mayoría de los analistas argentinos con quienes conversé recientemente en un viaje a Buenos Aires estima que habrá un “balotaje”, o segunda vuelta electoral, entre el propio Milei y Massa, pues aquel no conseguiría un 40% con 10 puntos de distancia respecto del segundo más votado, o un 45% de los votos para ser elegido Presidente en primera vuelta. Sin embargo, nada está dicho en Argentina, y puede haber una sorpresa.
A Milei le decían “el loco” en el colegio, donde fue objeto de bullying, lo cual, según el comentarista Carlos Pagni, conectaría con la sociedad argentina que siente que la política le ha hecho bullying desde hace años, no resuelve los problemas del país, y, además, le hace pagar impuestos.
La visión ultraliberal de la economía de Milei no es nueva, y es su convencimiento ideológico. Representa a la nueva derecha insumisa —no al conservadurismo— que quiere dar la batalla cultural.
Con su estilo extravagante y su discurso sin filtro —acusó al Papa Francisco de ser un “imbécil”, “zurdo asqueroso” y “representante del maligno en la tierra”, y tuvo que disculparse—, ocupa los titulares de los medios. Javier Milei es un fenómeno en las redes sociales y da alto rating cuando aparece en la televisión. Su excentricidad se refleja en el rumor extendido de que contrató a un “médium” para comunicarse con su perro mascota fallecido.
Milei resulta atractivo para los jóvenes, especialmente la denominada “generación Rappi”, quienes creen en el esfuerzo personal meritocrático y no reciben subsidios del Estado, para quienes admiran su estilo, su estética y sus intervenciones que rompen esquemas. Su liderazgo reside más en la sensación de hastío que reina en el país, con una inflación anualizada del 138,3%, con un alza de precios del 12,4% en septiembre luego de una devaluación de casi el 20% del peso.
Más delicado aún es el estado de la pobreza en Argentina que, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos, ascendió el primer semestre de 2023 a 40,1% de la población; es decir, 18,6 millones de argentinos son pobres, en tanto aquellos en condición de indigencia ascienden a 4,3 millones de personas. Las razones detrás de estos altos índices tienen que ver con la devaluación del peso y el desempleo.
Milei propone un ajuste fiscal con motosierra, cortando los subsidios a los servicios públicos familiares como el gas, la electricidad y el agua, así como las transferencias a las provincias pobres. Se desharía de empresas estatales como Aerolíneas Argentinas, el canal de televisión TV Pública, la agencia de noticias Telam, Radio Nacional y la empresa energética Enasa. La venta de la petrolera estatal YPF se postergaría. El corte incluiría numerosos ministerios, incluyendo Salud y Educación.
Entre sus propuestas más controvertidas y criticadas están la eliminación del Banco Central, que dejaría de emitir pesos desde el “día 1”, y la dolarización de la economía.
La dolarización, que parece atractiva para reducir la inflación de inmediato, tendría que proporcionar dólares a los bancos y a las personas para hacerse efectiva, pero Argentina enfrenta dificultades para pagar sus deudas al Fondo Monetario Internacional (FMI) y, de hecho, está utilizando yuanes chinos para dicho propósito. Entonces Milei ha dicho que no se podría dolarizar si no hay dólares, generando críticas a las revisiones constantes de su programa de gobierno.
Para The Economist, Javier Milei sería un peligro para Argentina, pues sus políticas están mal diseñadas, no genera consensos, tendría dificultades para gobernar y carece del temperamento para negociar, por ejemplo, con el FMI.
Los dos debates presidenciales televisivos entre los aspirantes a la Casa Rosada han sido rígidos, con escasa discusión de propuestas concretas, y no han movido la “aguja electoral”. Esto significa que Milei ganó, pues mantiene su ventaja en las encuestas. Milei intentó controlar sus impulsos para no alienar a votantes indecisos. Massa apareció más presidencial y llamó a un “gobierno de unidad”, en tanto Bullrich disparó fuertemente hacia el candidato peronista y, como exministra de Seguridad Pública, se vio más cómoda y agresiva en el segundo debate que abordó el tema de la seguridad ciudadana. Ella pretende salir de la tercera posición en que la ubican los sondeos, pero aún no se percibe que logre arrebatarle votos a Milei. Su problema principal es que, dada la sensación de enojo y hartazgo imperante, ¿por qué votar por la sucedánea cuando se puede votar por el original, el opositor más extremo que es Milei?
La posibilidad de un triunfo de Milei en primera vuelta podría acontecer si muchos votos de Bullrich se van a Milei bajo la lógica del “voto útil”. Y si hay segunda vuelta, asumiendo que Massa es el segundo más votado, la interrogante será si el temor al extremismo de Milei, de parte de quienes sufragaron por Bullrich es mayor al recelo de votar por un político peronista, aun uno moderado como Massa.
Heraldo Muñoz
Excanciller de Chile entre 2014 y 2018.