Nada más ser nominado por el Presidente de mi país para servir como embajador en Chile, visité una serie de provincias fronterizas, considerando la importancia estratégica de cada una para la relación bilateral. No pude llegar a Salta, porque coincidió mi viaje con el comienzo de la pandemia.
Cada una tenía sus particularidades (el signo político no era relevante), que era necesario considerar, pero si una constante se verificaba era la infraestructura para la conectividad local con Chile. Gobernadores, sus gabinetes, fuerzas vivas, coincidían en ello, una y otra vez.
Una vez en Chile, no solo confirmé lo rico de la relación transfronteriza entre las localidades vecinas, sino que me volví parte progresivamente de un mecanismo de gestión complejo, por la variedad de actores involucrados, por la importancia estratégica de cada uno y por lo que supone la experiencia de trasponer la frontera, cualquiera que sea el propósito del viaje, el cual involucra a personas. Había diversos asuntos que ameritaban ser considerados con la atenta resolución de alguien —pronto lo supe— que no podía admitir la afectación.
En estos últimos días vi, con suma satisfacción, que la discusión pública acerca de la importancia de contar con obras de infraestructura en la frontera retomó bríos en la prensa. Un artículo publicado el pasado viernes 22 de septiembre en “El Mercurio” y la publicación dominical en redes sociales del senador Matías Walker reivindicaron la importancia de proyectos como los Túneles de Agua Negra y Las Leñas, no solo como alternativa al Cristo Redentor, sino como pieza habilitante para promover corredores bioceánicos entre los puertos del centro de Chile y el sur de Brasil.
El Túnel de Agua Negra, al igual que el proyecto de Túnel Las Leñas, cuenta con un importante bagaje de trabajo de parte de ambos países. No solo hemos suscrito acuerdos bilaterales para constituir entes binacionales que los lideren, sino que han generado importantes expectativas entre pueblos de uno y otro lado de los Andes.
Sin perjuicio del proyecto que se escoja, porque alguna vez habrá de suceder, los únicos dos pasos habilitados para el cruce transfronterizo de cargas entre las zonas centro y norte de ambos países son el Cristo Redentor y el Paso de Jama. Los separan más de 1.300 km de distancia en línea recta. Urgen pasos alternativos entre ambos, los cuales existen, y que con mínimos esfuerzos podrían favorecer el cruce de personas y cargas. Escribió Ernesto Sábato: “...y de ese terror fue naciendo y creciendo una modestia como solo pueden tener los seres que no pueden elegir”. Parafraseándolo, acaso por ahora no podemos elegir las grandes obras que soñamos, pero nada nos impide afrontar las accesibles.
En este sentido, hemos trabajado permanentemente con Chile para establecer en Catamarca un control integrado para que el Paso San Francisco pueda abrir de manera permanente y no un solo día a la semana. El Paso Pircas Negras podría suponer otra alternativa, ambos confluyendo en Copiapó. El caso de Sico, y su inserción en el corredor bioceánico junto a Jama, da cuenta del potencial del norte.
Hemos reproducido muchos acuerdos por escrito, pero no hemos podido traducirlo en obras tangibles que agilicen la experiencia de los usuarios y de los agentes de control fronterizo, a cuyo trabajo dedico esta mención, por su entrega y dedicación diaria. La situación de ambos países posiblemente hoy no sea tan auspiciosa como la de otros momentos (en el caso de Argentina les aseguro que no lo es), y mucho menos lo es la del contexto internacional. Esto nos obliga a trabajar en conjunto para imaginar soluciones simples y económicas que nos permitan mejorar la situación de los pasos, ya que por ellos transcurre nuestra gente y el fruto de nuestro trabajo.
¡Animémonos, Chile y Argentina! A hacer tangible el control integrado en el Paso San Sebastián; los sistemas de simplificación de procesos aduaneros y migratorios que ya fueron desarrollados; a establecer una alternativa al Cristo Redentor (que en el último tiempo multiplicó por tres el número de usuarios) en Catamarca o La Rioja, mientras volvemos a discutir de proyectos más ambiciosos como Las Leñas y Agua Negra, trabajo que sin dudas nos debemos.
Rafael Bielsa