Una revisión pausada del cúmulo de noticias que nos impactan más desde comienzos del año hasta el presente lleva a confirmar en hechos y tendencia la famosa frase de una expresidenta de la República que expresó: “Cada día puede ser peor”. Creo que fue pitonisa y que los acontecimientos internacionales, regionales y nacionales así lo han ido mostrando; vaivén tras vaivén.
La tesis a plantear es que como ciudadanía y región del mundo estamos —desde hace tiempo— caminando por un sendero de gradiente descendente. La conclusión que esbozo es que actualmente no se ven hitos ni actores empoderados para que la caída por gradiente negativa pudiera detenerse, o revertirse de aquí a 2025.
Los estragos del cambio climático y sus desastres naturales; la prolongación destructiva de la guerra en Ucrania; el aumento sin pausa en flujos migratorios; un pluto-terrorismo urbano vía comercio de drogas sofisticadas; el tráfico ilegal de armas; las amenazas a sistemas democráticos; unas elevadas tasas de inflación; las crisis de hambrunas y desarraigos; y la trizadura parcial y sostenida en el orden internacional (sistema ONU) que amenaza la paz y una globalización ordenada, amén de la anomia valórica presente en grupos gravitantes (jóvenes, comunicadores sociales, líderes de opinión), representan una madeja muy difícil de entender y de manejar para el ciudadano común y corriente del planeta. Habitantes que miran con creciente ansiedad el futuro cercano, y el lejano.
Los paradigmas de la posmodernidad han ido mostrando sus pies de barro. Las promesas políticas de progreso sostenido se han ido derritiendo, y eso va ocurriendo en disímiles regímenes. El globo camina hacia un cierto desorden sin sentido.
Aterrizando en Chile y 2023, hay signos o datos que preocupan, y mucho.
Empero, hay atisbos de esperanza que ofrecen ciertas rutas de salida al enjambre, ese que parece enviar a todos por escalera descendente.
Este año el crecimiento de la actividad económica será nulo; la inflación será más baja pero lejos del nivel acostumbrado; los términos a los que exportamos e importamos serán de nuevo desfavorables para el país; los empleos formales seguirán descendiendo; una informalidad general ya elevada continuará en alza hacia los años 2024-25.
Sin embargo, hay dos factores que pueden ofrecer senderos complementarios de una salida, parcial, hacia el fin de 2023. Como aún no se escuchan propuestas al canto en líderes de Gobierno y su coalición, y tampoco en los liderazgos de oposición, nos parece que vale la pena poner atención en estos dos senderos parciales.
El primero y más relevante es que los consejeros de la constituyente controlen de una vez sus pasiones, eleven miradas, y conscientes de la gravedad del enjambre global y nacional (las crisis) nos pongan por delante un documento constitucional sólido. Racional, moderado, aproximadamente consensuado; uno que sea posible de ser votado por fuerte concurrencia a las urnas el día 17 de diciembre, uno que obtenga apoyo relevante, y uno que nos haga sentir como el país libre y democrático que se consolida avanzando al futuro con gallardía. Volver a una república sin gatopardismos.
Acá la responsabilidad especial (e histórica) para una buena convergencia la tiene el polo Partido Republicano —su líder José Antonio Kast—, así como los consejeros de Apruebo Dignidad —cuyo líder es Lautaro Carmona, del PC— por el otro polo. Ambos sectores tendrán que sopesar en sus conciencias cívicas si vale la pena insistir en beaterías o maximalismos que generan un muy mal resultado para 19 millones de chilenos. El test de la responsabilidad está primariamente en ellos.
Los ciudadanos todos estamos alertas al escenario de diciembre. Y es acertado decir que dado el nubarrón global, el resultado aquel será muy decidor para el standing internacional de Chile; la cara del país afuera y globalmente.
El segundo factor es más coyuntural. Pero al día de hoy nos ofrece otro sendero complementario de importancia.
Si el señor Presidente Boric, su ministro de Hacienda, Marcel; los presidentes del Senado y de la Cámara laborasen sin cesar, con trabajo dedicado, en construir en los dos meses que vienen un acuerdo base en políticas de seguridad, de crecimiento y de apoyo social directo, que conformen de forma clara el proceso Ley de Presupuestos 2024, emergería un segundo hito institucional muy concreto de progreso. Mal que mal, esta ley central es la que define prioridades de un Estado centrado en la gente.
Ayudaría que el comité de expertos que trabaja en paralelo (coordinado por Manuel Marfán) llegue a oportuno término, para sustentar el pacto fiscal específico y destrabar iniciativas de reformas conocidas (previsión, salud).
Qué significativo impacto político-social-institucional tendría Chile como nación madura, al poder pararnos con esas dos caras logradas el 18 de diciembre, ante Latinoamérica y el mundo.
De cara a los problemas enunciados, poder responder: Acá, en el sur del mundo, ¡sí se puede!
Eduardo Aninat Ureta
Exministro, exembajador