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Cartas
Viernes 22 de septiembre de 2023
“¿Todo ser humano es persona?” I
Señor Director:
En mi carta del 20 de septiembre, sostengo que el proceso generativo humano, al igual que en el resto de los mamíferos, resulta de una secuencia de eventos biológicos cada vez más complejos, en el que poco a poco se van expresando potencialidades hasta transformarse en un individuo independiente; que en el parto llamamos persona. En este proceso de desarrollo gradual hay un hilo conductor que es el genoma establecido en la fecundación; y hay un sustrato con el que se establece una comunicación e interdependencia compleja y exquisita, que es la mujer.
Sostengo, además, que las personas son más que simples genomas ambulantes y reducir a la persona a un genoma es extremadamente equivocado y peligroso, pues, entre otras razones, estamos cerca de poder generar individuos a partir de genomas humanos sintéticos. ¿Debemos entonces llamarlas personas sintéticas?
Es fundamental entender esto para comprender que una cosa es la potencialidad de ser persona, como es el caso del embrión, y otra el ser persona actual, como el lector o yo.
En su carta de ayer, el decano de la Facultad de Derecho de la PUC, en vez de argumentar con fundamento en el Derecho Comparado y en la evidencia derivada de la ciencia, como lo ha hecho la Corte Interamericana y la Corte Europea de Derechos Humanos en varios fallos relativos a derechos reproductivos y de familia, carente de argumentos, recurre a estridencias comparando el reconocimiento de la gradualidad del proceso generativo con una fuente de discriminación semejante a la usada por los nazis en el exterminio de judíos y gitanos, la eugenesia y el aborto en Rusia.
Da la impresión de que esta forma de reaccionar constituye un problema sistémico, puesto que también ayer un grupo de médicos y bioeticistas de la PUC sostienen que un ser humano en estado vegetativo, luego de demostrar ausencia de actividad cerebral, deja de ser humano y pasa a ser automáticamente un cadáver. Es decir, lo pueden enterrar con su corazón latiendo, y el resto de los órganos funcionando.
Este absurdo deriva de no poder aceptar la gradualidad de los procesos vitales; tanto en los que nos llevan de la vida vegetativa propia del embrión a la complejidad de una persona, como los que nos llevan de la persona actual a su muerte.
Aceptar esta gradualidad es fundamental al momento de adscribir derechos a las diferentes etapas de nuestra existencia.
Nada de mi argumentación tiene como propósito específico respetar el derecho de las mujeres al aborto.
El propósito tiene que ver con el uso respetuoso de la razón, de la ciencia y de la evidencia comparada al momento de argumentar, cualquiera sea la materia a tratar. Sobre todo en procesos educacionales, y por cierto al momento de legislar.
Dr. Fernando Zegers Hochschild
Programa de Ética y Políticas Públicas en Reproducción Humana, Facultad de Medicina, Universidad Diego Portales