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Cartas
Martes 12 de septiembre de 2023
¿Y ahora qué?
Señor Director:
La conmemoración de los 50 años del Golpe pudo ser una gran ocasión para Chile y para el Presidente Gabriel Boric. Pese al bombo, pese a las visitas ilustres, pese a los deseos del Gobierno, no lo fue.
Para la memoria quedarán el segundo intento de incendiar La Moneda acompañado de inusitada violencia callejera y las reiteraciones rutinarias de que la democracia solo se salva con más democracia. Vale la pena destacar —en este ambiente enrarecido— el notable despliegue de recuerdos, muchos inéditos, de los medios de comunicación. Casi nada más. La épica, comparada con la llegada al poder de Patricio Aylwin en 1990, fue pobre, aunque no parece haberse escatimado en gastos.
Faltaron voces. La más importante, sin duda, la de la Iglesia Católica, inusitadamente muda en el último tiempo. El obispo de Melipilla, Cristián Contreras, hizo un aporte notable en un comentario publicado en “El Mercurio”. Pero ¿y la Conferencia Episcopal? En estos 50 años, en rigor desde antes de 1973, los obispos católicos y líderes de otros credos fueron una efectiva voz de los sin voz. Nos exhortaron una y otra vez a la reconciliación. Y cuando fue necesario, hicieron ingentes esfuerzos por proteger a las víctimas inocentes y a sus familias, curar heridas, salvar vidas y tratar de encontrar a los desaparecidos. Esta vez el silencio fue casi total.
Ha hecho falta la voz firme y vehemente del cardenal Raúl Silva Henríquez.
La exacerbación ideológica, cortoplacista, de izquierda y de derecha, nos ha hecho vivir el peor aniversario transcurrido desde la recuperación de la democracia. Las trifulcas y peloteras en el Congreso, donde los revoloteos de la diputada Pamela Jiles ahora parecen ingenuos, nos han llevado de vuelta al enceguecimiento previo al Golpe.
Chile merece más. Hay quienes confían en que imperará la razón después de este desordenado estallido emocional. Es posible, pero sigue vivo un punto candente: la decisión del Consejo Constitucional y, muy especialmente, la votación acerca de la nueva Carta Fundamental. Las esperanzas de hace un año, cuando el exaltado extremismo convencional fue derrotado en las urnas, parecen a punto de malograrse.
¿Por qué no pensar, juntos, en Chile y su futuro?
Es lo único razonable.
Abraham Santibáñez
Premio Nacional de Periodismo