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Editorial
Jueves 03 de agosto de 2023
La política y octubre de 2019
El relato de Blumel da cuenta de cómo la política logró encauzar institucionalmente una crisis agudizada por el débil compromiso democrático de actores relevantes.
El interés del Gobierno por recordar los 50 años del 11 de septiembre de 1973 ha dado lugar al rescate de diversos documentos de entonces, así como a libros y reflexiones actuales, que examinan el fracaso de la política de la época que condujo a ese día. Esta no consiguió sortear el desencuentro provocado por los propósitos de la UP y sus partidarios, de desmantelar la “democracia burguesa” para construir el “socialismo”, con los de la oposición y la mayoría ciudadana contraria a dicho proyecto.
Los sucesos de octubre de 2019, caracterizados por una inusual, persistente y, hasta cierto punto, inédita violencia, y por el afán de sustituir por la vía de los hechos al gobierno legítimamente electo, dejaban la impresión de que nuevamente la política sería incapaz de resolver la crisis. Sin embargo, el Acuerdo por la Paz y una nueva Constitución, firmado el 15 de noviembre de ese año por la mayoría de las fuerzas representadas en el Congreso, permitió construir una salida institucional. Aunque ese camino sigue en desarrollo, pues el proyecto de la primera Convención fue tajantemente rechazado, y ahora el país debe decidir, a fines de este año, si acepta lo que el actual Consejo Constitucional proponga, el solo hecho de contar con una ruta institucional que continúa avanzando constituye un importante acervo que el país debe saber aquilatar.
Un testigo privilegiado de dichos sucesos es el exministro del Interior de la segunda administración Piñera, Gonzalo Blumel. Luego de asumir como tal solo 10 días después de iniciada la revuelta del 18 de octubre, no solo impulsó e implementó el mencionado acuerdo, con todas las dificultades inherentes, sino que, además, en paralelo, debió intentar controlar el orden público violentamente sobrepasado, en medio de fuertes ataques a la acción de Carabineros y hostigamientos a su propia persona. Blumel lanza por estos días un libro que relata su experiencia en todo aquello —“La vuelta larga”—, que seguramente se transformará en un documento necesario de conocer para calibrar lo ocurrido.
Sin duda que una de las cuestiones cruciales, y en las que se centró el debate entre los partidarios del gobierno de entonces, es si la decisión de avanzar hacia el acuerdo del 15 de noviembre, lo que Blumel llama la “vuelta larga” de la política, en oposición a haber sofocado la revuelta apelando a recursos represivos más fuertes, fue o no la correcta. La visión de Blumel es que la segunda opción, además de que sus resultados eran inciertos, arriesgaba dejar heridas profundas en la sociedad chilena, comprometiendo el futuro del país y su capacidad de progresar. Como es imposible conocer el contrafactual, solo queda examinar si los resultados a los que está conduciendo el camino tomado son aceptables. Aún es temprano para saberlo, pues el proceso constitucional no se ha completado. Pero las muestras de madurez que la población ha dado, al reaccionar en contra del texto de la Convención, a pesar de haber sido elegida por ella misma, y el hecho de haber comenzado, con apoyo relativamente transversal, un nuevo ejercicio constitucional, indican que las reservas institucionales del país tienen una profundidad mayor de la que podía apreciarse a fines de 2019.
Cuestión aparte es la evaluación que hará la historia de la actitud asumida entonces por todo un sector de la izquierda que, o evitó condenar la violencia vandálica, o derechamente hizo suya la vía insurreccional, sintetizada en las palabras del presidente del PC pidiendo la renuncia del Presidente de la República la mañana del 19 de octubre. La presidenta del Partido Socialista, al haber reconocido esta semana “el gran error” de “habernos quedado callados”, ha dado un primer paso hacia una reflexión que hasta ahora su sector ha eludido. Y es que el inmenso valor de haber logrado encauzar institucionalmente la crisis de 2019 no debe llevar a olvidar el hecho de que actores relevantes antepusieron entonces sus objetivos políticos a la lealtad democrática. El libro de Blumel constituye así una contribución clave para un debate fundamental.