El Mercurio.com - Blogs : Papel de la DC y el ejemplo de Aylwin
Cartas
Lunes 17 de julio de 2023
Papel de la DC y el ejemplo de Aylwin
Señor Director:
Ricardo Hormazábal, al comentar una crónica mía sobre el libro del expresidente Patricio Aylwin, sostiene que es un error achacar utopismo a la Democracia Cristiana, puesto que esa fuerza política no poseyó, dice, una propuesta totalitaria o excluyente.
Temo que hay un malentendido de la tesis que en ese comentario formulé.
Lo que sugiero es que en Chile, hacia los años 60, había cundido por todos los intersticios de la vida social y cultural un espíritu crecientemente utopista, milenarista, que sus partícipes hoy viejos recuerdan, edulcorándolo, como un tiempo inflamado de ideales solidarios y puros. Era la idea de que la historia tiene un guion cuyo desenlace era posible apresurar y en vistas del cual la historia al por menor, el día a día, podía desdeñarse.
Por supuesto, el ejemplo más flagrante de ese espíritu estaba en la izquierda; pero también se expandió hacia la DC, que rehusó cumplir el papel de un mediador evanescente, que fue el rol del radicalismo durante el llamado estado de compromiso. En cambio, esgrimió la tesis del comunitarismo, una tercera vía entre el socialismo y el capitalismo, y aspiró a “Un mundo nuevo”, como tituló un libro suyo el expresidente Frei Montalva inspirado en un pasaje del Apocalipsis.
Ese espíritu por supuesto era excluyente y alérgico a las alianzas con aquellos que no lo compartían. Eso explica la actitud de la DC en los sesenta, cuando dispuso de una derecha atemorizada y de rodillas, a la que creyó haber aniquilado, y eso explica más tarde que de sus filas haya surgido el MAPU, declaradamente marxista, y luego la Izquierda Cristiana, aspirando a la compatibilidad entre marxismo y cristianismo, concibiendo a este último como una teodicea mundana. Sin el utopismo de la DC es poco probable la aparición de estos dos movimientos. ¿Arrinconó la derecha a la DC? Hasta cierto punto; pero fue la incorporación del MAPU y la IC al gobierno de la UP la que empujó a la DC a aliarse definitivamente con la derecha (Allende, previendo esto, era de la opinión de no sumar a esas fuerzas al gobierno).
La expresidenta Bachelet, en la presentación del libro de Patricio Aylwin, dijo que la izquierda de entonces poseía ideales y no armas. Es probable que no las poseyera o las poseyera en número desdeñable. De lo que no cabe duda es de que ese clima cultural, milenarista, ese espíritu de rara promiscuidad entre política y religión que tanto atrajo a los jóvenes burgueses de entonces (también a los de hoy), deseosos de escapar de una cultura del hastío, contribuyó al quiebre de la democracia.
No fue, por supuesto, el único factor (también hubo conspiraciones de una derecha que, para usar la expresión de Aylwin, a contar de la reforma agraria se comportó como “un animal herido”); pero sin ese espíritu, sin que los actores de entonces estuvieran hipnotizados por el horizonte histórico que los inspiraba y que creían poder abrazar, es probable que hubiera existido una mayor voluntad de concordia. Pero no la hubo. Y es que, bien mirado, ¿cómo se pudo transar la fe en la meta que brillaba ante los ojos, la creencia de que en el horizonte estaba la sociedad sin clases o la nueva cristiandad o, como se creyó después, el mercado perfecto?
El libro de Aylwin enseña que la sobriedad intelectual y un moderado escepticismo —del que él es un ejemplo— son las virtudes que sostienen la cultura democrática.
Carlos Peña