El proyecto de ley de reforma de pensiones impondría un tributo al empleo con seguridad social por seis puntos porcentuales del salario. Esta columna evalúa el proyecto en cómo gasta eso.
Para subir las pensiones futuras basta con destinar una parte a las cuentas individuales de capitalización. Otra parte iría a un “seguro social”, cuyo ítem más caro tendría la misión de “subir las pensiones actuales”. Ese ítem es un subsidio de 0,1 UF por año cotizado.
Su diseño lo focaliza en los actuales pensionados y excluye a los actuales jóvenes y niños. En efecto, la cuantía de este subsidio para cada afiliado sería la diferencia positiva entre (a) 0,1 UF por año cotizado y (b) la pensión extra que habría acumulado, desde la fecha de esta reforma, con la parte del 6% dedicada a subir las pensiones futuras. Los afiliados jóvenes alcanzarán a acumular una pensión extra superior a 0,1 UF por año, porque cotizarán 6% durante un lapso extenso, haciendo que la diferencia (a) – (b) sea negativa. Así, ellos quedan excluidos.
¿Cómo evaluar esta diferencia de trato entre generaciones? Algunos recuerdan que el objetivo de donar 0,1 UF por año cotizado —cuando fue propuesto por el gobierno de Piñera II— fue subir las pensiones formales de los actuales pensionados de clase media alta (deciles 5 a 9 de consumo), aduciendo que su tasa de reemplazo contributiva resultó insuficiente. Sin embargo, la extensión de la Pensión Básica Solidaria hacia los deciles 5 a 9 por medio de la PGU ya satisfizo ese fin. No se justifica subsidiar dos veces a la clase media alta pensionada.
Otra objeción nace de que las lagunas de cotización hacen que las tasas de reemplazo formales (que suman pensiones de AFP y PGU) sean un mal indicador de necesidad. Los millones de trabajadores chilenos que están legalmente exentos de cotizar (cuenta propia) y quienes evaden al alero de la debilísima fiscalización a la pyme, también ahorran parte de su ingreso para la vejez. La evidencia de la neurociencia es que la tasa de ahorro es inferior a lo que debiera ser, pero todavía es positiva. Para ilustrar, suponga que la tasa ideal de ahorro para la vejez es 16%, pero quienes no cotizan ahorran voluntariamente 8%. Por ser esto positivo, las lagunas elevan las “pensiones informales”.
La evidencia chilena muestra “pensiones informales” significativas desde el decil 5 en adelante y que su importancia aumenta con el decil.
La clase media ahorra para la vejez comprando vivienda y mejorándola, formando y ampliando pequeños negocios, criando hijos que la apoyen en la vejez, acumulando en cuentas de ahorro bancarias y no consumiendo los pequeños lotes agrícolas que hereda. Así, las tasas de reemplazo formales pintan un cuadro peor que la realidad para los actuales pensionados.
Sumemos otro dato: el actual crecimiento estancado, que sería frenado aún más por el nuevo tributo de 6%, ha empobrecido a los jóvenes. Resultado: no es equitativo crear este subsidio adicional para los actuales mayores a costa de los jóvenes.
Además, un subsidio por año cotizado donaría mucho más a los trabajadores de mayor ingreso, porque las lagunas de cotización son mayores para los trabajadores de menor ingreso.
Por último, la literatura económica muestra que la capacidad de un subsidio por año cotizado de lograr que los trabajadores coticen con mayor frecuencia (reduzcan lagunas) es cero. La revisión de H. Kleven (2023) del impacto en los EE.UU. de los programas Earned Income Tax Credit lo confirma. La conclusión es clara: un subsidio de 0,1 UF por año cotizado no se justifica.
Salvador Valdés P.
Economista, senior fellow UAI